lunes, 28 de abril de 2008

AL FINAL EL MENTIROSO TIENE SU MERECIDO....

Habitualmente un compañero de trabajo me reenvía el Boletín Informativo del Consejo General de Colegios Oficiales de Graduados Sociales de España cuando salen publicadas noticias relacionadas directamente con los recursos humanos.

Hoy, sale una noticia respecto al fallo de la Sentencia numero 686/2007 (Sala de lo Social sección 1) del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid del 29 de octubre que reprocha la conducta de un empleado por el “engaño” a la empresa en cuanto a la titulación académica en la que se basó su contratación. El fallo considera que las irregularidades probadas contra el empleado son de “suficiente entidad” para justificar el despido.


La Justicia ha puesto coto a la vanidosa hinchazón que, en ocasiones, muestran los aspirantes a un puesto de trabajo cuando hablan de sus logros académicos. A raíz del caso de un empleado de una firma de arquitectura y urbanismo, que con una singular astucia logró ocupar el sillón de gerente de la empresa, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) concluye que “haber engañado en cuanto a la titulación académica” merece un reproche que “justifica el despido” de un trabajador.

La sentencia, según los juristas consultados, envía un mensaje a navegantes: la tendencia a incluir “todo tipo de titulaciones” en el currículum tiene los días contados, pues la información que entrega el candidato, “puede volverse contra sí mismo, si la organización prueba que su destreza o profesionalidad no está a la altura del puesto para el que ha sido contratado”.

En el caso que ocupa al TSJM, la altivez del aspirante llega incluso a causar “cierto rubor” a los jueces, pues el intrépido candidato fichado para ser gerente de la compañía, (percibía un salario bruto anual de 73.152,57 euros), ni siquiera pudo asumir “su responsabilidad en las gestiones burocráticas más elementales de la compañía”.

Pese a que el TSJM señala que la empresa “pudo ser más diligente al comprobar” la veracidad de los títulos, concluye que “lo importante en los hechos es el engaño del trabajador”.

Así, argumenta que “de haber sabido [la dirección] que el candidato no contaba con tal titulación, no le hubiera contratado”.

En el proceso de selección, el empleado alegó ser licenciado en Ciencias de la Comunicación y tener un master en Dirección y Administración de empresas. Por un acontecimiento casi anecdótico (la elaboración de una memoria de la compañía) se le pidió la documentación necesaria para acreditar esta formación, momento en el que se descubrió el artificio: el trabajador, en un último esfuerzo para conservar su puesto, aportó documentos que no le respaldaban e, incluso, escribió una carta para justificar su propia mentira.

Para el TSJM “queda fuera de duda” que, si algún sentido tiene el currículum vítae que entregó el trabajador, “consiste en dejar reseña del historial laboral y profesional”.

Esta noticia ha sido extraída de la agencia de noticias EFE.

Esto da la razón a las empresas cuando se encuentran con que algún candidato seleccionado ha mentido en alguno de los requisitos imprescindibles para desempeñar adecuadamente el puesto y, una vez incorporado, se comprueba que mintió; esto se puede usar como falta de ética personal y profesional para justificar su despido. De todas formas, en los tiempos que corren, cuando estamos seleccionando perfiles altos hay que comprobar todos los datos, tanto a nivel de titulaciones, experiencia profesional, etc.

Sin embargo, esto deja en mal lugar a los departamentos de recursos humanos, ya que su labor principal es comprobar la veracidad de dichos datos. Muchas veces nos dedicamos a hacer preguntas pormenorizadas sobre determinados aspectos de su trayectoria que no nos quedan claros y olvidamos pedir los títulos que demuestren la veracidad de los que nos han contado.


Investigando un poco y pidiendo referencias del candidato seleccionado para determinado puesto, podemos descubrir que sus verdades son falsas y que la realidad es otra cosa. Tened en cuenta que los candidatos se preparan más las entrevistas y muchos de ellos son verdaderos profesionales en el desempeño de su "papel de candidato idóneo".

Volviendo a la sentencia, está claro que el trabajador obró con mala fe y está totalmente justificado su despido. Eso sí, no hay que olvidar que recursos humanos tiene que detectar este tipo de cosas; tenemos que ser un filtro infalible.

Ahora me surgen una serie de preguntas que os traslado:

¿
Estáis seguros de que en vuestras organizaciones todas las personas tienen en realidad los títulos académicos que indican en sus currículos?

¿Pone esto en duda el sistema de selección de los departamentos de recursos humanos?

¿Quién es más culpable, el que engaña o el engañado?

8 comentarios:

JP dijo...

Te contesto con una reflexión. Un procedimiento para asegurarse es solicitar la certificación académica personal, muchas veces empiezan a surgir problemas que sin convalidaciones, que sé cerró el centro, que lo perdí, ...

Me preocupa incluso más la dificultad para probar la experiencia profesional, empezamos a multiplicar nuevas incorporaciones x candidatos y ni duplicando el departamento sería viable. Además la expansión de las ETTs hace que ya no sólo valga con pedir referencias a una empresa, sino que habría que ir a muchos clientes, muchos de ellos que no conoces.

Claro que esos documentos son personales, y la entrega la entiendo como voluntaria, pero también como buena voluntad.

Juan Martínez de Salinas dijo...

Hola JP,

Esta claro que probar las titulaciones académicas es fácil.

Sin embargo el verdadero problema surge a la hora de comprobar la experiencia profesional ya que hay que dedicar mucho tiempo y medios para obtener resultados.

Desgraciadamente con la cantidad de procesos de selección que efectuamos es imposible poder comprobar minuciosamente esto porque sino cada proceso se alargaría interminablemente.

Las personas que nos dan referencias demuestran una predisposición de su buena voluntad siempre y cuando podamos contrastar la veracidad de las referencias mediante la comprobación para evitar engaños.

Nuca podemos sacar conclusiones precipitadas porque las cosas a veces no son lo que parecen y viceversa.

Esta claro que en la actualidad no tenemos medios suficientes para poder contrarrestar esto.

neurotransmisores dijo...

No deja de ser curioso que la valía de un trabador lo determine la "valía" de un papelito.

Saludos.

Juan Martínez de Salinas dijo...

Hola Neurotransmisores,

Esta claro que una titulación académica se necesita para acceder a determinados puesto, sin embargo, no por ser diplomado o licenciado en cualquier titulación quiere decir que seas valido para una profesión.

Se requieren muchas más cosas como las actitudes, aptitudes, desempeño, etc.

Saludos,

Anónimo dijo...

El venderse bien hace que lo que se cuente no sea del todo cierto, aunque en muchos casos, no se aleja tanto de la realidad. ¿Qué hay de malo en exagerar un poco?

Juan Martínez de Salinas dijo...

Hola,

Gracias por participar.

Esta claro que tienes que saber vender tu candidatura de forma adecuada, es decir, que hay que saber transmitir al seleccionador que tu eres el adecuado para el puesto por tu perfil curricular y por tus aptitudes y actitudes hacia el trabajo.

Sin embargo una cosa es saber venderse y otra muy distinta vender aspectos de tu candidatura que no tienen nada de cierto porque una vez incorporado al puesto todo se descubre.

No olvidemos que es preferible pecar de humilde que de prepotente.

Saludos,

Anónimo dijo...

No hablo de prepotencia. El objetivo está claro: conseguir el puesto de trabajo. Creo que todos lo hacemos si queremos pasar por delante del resto de los candidatos.

Juan Martínez de Salinas dijo...

Esta claro que el objetivo de todos los candidatos es conseguir el puesto de trabajo y pasar por encima del resto para que le elijan a uno.

Eso si jugando limpiamente y usando la estrategia de cada uno para demostrar que eres el adecuado. Para hacer esto no es preciso exagerar ningún detalle de nuestra estrategia desde mi punto de vista claro.