viernes, 11 de julio de 2008
COSTUMBRE ESPAÑOLA
Para rendir adecuadamente, hay que descansar el tiempo suficiente. Numerosos estudios establecen que hay que dormir un mínimo de 8 horas diarias para conseguir descansar de forma adecuada y que nos va a permitir levantarnos con las pilas cargadas para rendir con energía al día siguiente. Sin embargo, en España nos acostamos muy tarde y nos levantamos muy pronto durante los días de trabajo y esto supone descansar menos de las 8 horas necesarias. Esto hace que estemos más cansados, descentrados, despistados por no descansar lo suficiente y repercute directamente en nuestra atención y rendimiento en las tareas del trabajo; es decir, nos cuesta hacer nuestras tareas laborales mucho más tiempo por que el descansar menos de lo debido repercute negativamente en nuestra productividad.
Y para producir lo estipulado, tenemos que alargar nuestras jornadas de trabajo. Al salir después de un largo día de trabajo, nos convertimos en una bomba de relojería en la carretera. Nuestros reflejos y atención disminuyen considerablemente. Y para conducir tenemos que estar con mil ojos porque un despiste de una décima de segundo puede costarnos caro.
Si, además, cada vez las empresas están más lejos de la ciudad, es inevitable tener que coger el vehículo. En los últimos tres años, están aumentando peligrosamente los accidentes de trabajo in itinere, al ir o volver de la empresa.
A parte, acudimos a nuestro trabajo de muy mal humor porque el dormir poco hace que estemos más irritados. A la mínima, “saltamos” pagándolo con nuestro entorno de trabajo porque no nos aguantamos ni a nosotros mismos. Si descansáramos el tiempo debido comenzaríamos nuestra jornada de trabajo con otro talante.
Así que, hasta mitad de mañana, muchos “no son personas” en su trabajo y su mejor acompañante es la máquina del café, que hace que funcionen durante esas primeras horas del día a mejor ritmo.
No olvidemos que ciertos entretenimientos no ayudan a mejorar nuestros hábitos horarios: la televisión, por ejemplo; en nuestro país se suelen emitir los programas de mayor audiencia e interés muy entrada la noche, lo que provoca que nos acostemos más tarde. Porque a pesar de disponer de vídeos que nos permitirían grabar esos programas comenzamos a verlos y nos enganchamos porque parece que si nos los vemos en directo nos perdemos algo. Algunas cadenas, además, aprovechan los últimos minutos de un programa para hacer pausas eternas para descubrir el desenlace del capítulo o agarrar nuestra atención para ver el siguiente episodio.
Es un gran problema cultural. Tenemos que reeducarnos en nuestros hábitos horarios. Eso sí, para provocar esto, tienen que cambiar muchas cosas que lo motiven. Las instituciones son las primeras que tienen que mover ficha implantando leyes que obliguen a tomar el camino necesario.
martes, 24 de junio de 2008
EL PODER DEL MANDO DEL AIRE ACONDICIONADO
La legislación establece una temperatura estándar que considera adecuada para los diferentes ámbitos en los que se puede realizar el trabajo. Yo me voy a centrar exclusivamente en el trabajo de oficina donde las temperaturas estándar para verano es una temperatura de 22 a 25 grados en función de diferentes factores.Aun así, esto es muy relativo porque cada persona tenemos un comportamiento diferente según nuestra temperatura corporal, es decir, lo que para una persona es un temperatura adecuada para otra puede ser frió o calor.
En las empresas se ha optado por tener reguladores de temperatura generales por salas que suelen estar reguladas por el departamento de mantenimiento (u otro al que le "caiga" la responsabilidad del... mando) poniendo las temperaturas estándar acordadas para cada temporada del año. Si el termostato se deja a la regulación de los trabajadores de las diferentes dependencias de la empresa se producen verdaderas batallas para imponer en cada sector la temperatura que considera ideal, claro está, desde su punto de vista. Cuantas más personas están en el mismo recinto peor es la convivencia por culpa de algo tan tonto como el aire acondicionado.
Eso sí, los hombres, con sus trajes y corbatas se ven acalorados por el "uniforme". Por otro lado, nos encontramos a las mujeres que tan apenas llevan un cordoncillo que sujeta en su posición sus escasos vestidos. El aire acondicionado se enciende, y empieza la batalla campal.
Tenemos que darnos cuenta de que en la oficina no estamos solos y que tenemos que convivir con otras personas. Esto supone en ceder en el tema de la temperatura intentando llegar a un consenso. A veces, una simple chaqueta puede cubrir.

Las oficinas se convierten en verdaderos centros meteorológicos (bueno... simplemente hay termómetros por todas partes) que hacen que un número sea motivo de discordia.
La máquina del aire acondicionado, tampoco ayuda. En muchas ocasiones, el sistema tampoco está del todo bien instalado. A veces el termostato, dice que hace una temperatura pero se siente más frío o más calor. En fin, que tampoco ayuda, como decía.
No podemos pretender imponer nuestro criterio porque esto demuestra poco compañerismo y siempre tendremos que consultar con el resto si les parece adecuado. O establecer períodos en los que todos vayamos haciendo concesiones. Todos, en el fondo, somos especiales, sin embargo, el límite está en saber comportarnos sin superar los límites considerados lógicos.
La persona encargada del mando tiene una labor difícil. Contentar a todos. Tampoco olvidemos que muchas veces también la sensación de calor o frió es psicológica; simplemente oyendo como el sistema empieza a funcionar, nos sugestiona a sentir el frío.
La oficina es un lugar de trabajo, no solo para unos, sino para todos y hay que llegar a un consenso. Ante todo, habrá que seguir intentando incentivar el trabajo en equipo para crear un clima de cooperación que se va a trasladar a todos los ámbitos ayudándonos a resolver estas pequeños conflictos sin importancia.
martes, 10 de junio de 2008
ESTRÉS
En la actualidad, en nuestro país, el 75% de los trabajadores sufren estrés en su puesto de trabajo con consecuencias de todo tipo. Lo que está claro es que esta patología provoca pérdidas millonarias a las empresas, por la falta de productividad en la jornada laboral de los trabajadores que lo sufren.
El estrés es negativo porque hace que los trabajadores que lo sufren se bloqueen de tal manera que hace que su rendimiento baje en picado consiguiendo desestabilizarlos totalmente y dejándoles sin capacidad de respuesta. Por lo tanto, hay que saber adaptarse a las circunstancias adversas y tomarse las cosas de una forma adecuada para evitar que nos afecten más de la cuenta.
El trabajo hay que dejarlo aparcado hasta el día siguiente una vez que finalice nuestra jornada laboral por más que nos cueste. Teóricamente, es muy fácil hacerlo aunque en la realidad es más complicado; no obstante, sin duda alguna, depende totalmente de nosotros el hacerlo.
En el momento que no conseguimos desconectar del trabajo y que nos lo llevamos en nuestra cabeza todos los días a nuestra casa como un elemento más de nuestro tiempo libre comienza un verdadero calvario en el que es muy fácil entrar y bastante complicado salir.
Hay muchos factores que hacen que hoy en día padezca esta enfermedad un volumen tan alto de trabajadores entre los principales están:
1.- Trabajo de alto grado de dificultad o gran demanda de atención.
2.- Funciones contradictorias.
3.- Creatividad e iniciativa restringidas.
4.- Liderazgo inadecuado.
5.- Mala delegación de responsabilidades.
6.- Motivación deficiente.
7.- Falta de capacitación y desarrollo del personal.
8.- Carencia de reconocimiento.
9.- Ausencia de incentivos.
10.- Remuneración no equitativa.
11.- Promociones laborales aleatorias.
12.- Falta de comunicación adecuada que se traduce en desinformación y rumores.
13.- Cargas de trabajo excesivas.
14.- Autonomía laboral deficiente.
15.- Exigencias excesivas de desempeño.
16.- Trabajo monótono o rutinario.
17.- Ausencia de satisfacción laboral.
18.- Condiciones físicas laborales inadecuadas.
19.- Espacio físico restringido.
20.- Falta de flexibilidad laboral.
21.- Ambiente laboral conflictivo.
22.- Menosprecio o desprecio al trabajador.
23.- Jornadas de trabajo excesivas.
24.- Políticas inestables de la empresa.
25.- Ausencia de corporativismo.
Si además se juntan varios de estos factores ya se convierten en un bomba explosiva que hace que los trabajadores se saturen, bloqueen y finalmente sufran un colapso que les pueden provocar secuelas físicas y/o psicológicas de diferente consideración.
Por lo tanto, las organizaciones tienen que hacer todo lo posible por evitar este tipo de factores por su propio interés. El que tengan un gran volumen de los trabajadores de su plantilla con estrés les conlleva unas pérdidas directas e indirectas enormes. Así, invertir en conseguir que los trabajadores se sientan valorados, disfruten en su trabajo, estén satisfechos a todos los niveles, les supone un ahorro en volumen de costes que tendrían de la otra manera.
Es fundamental para evitar estas situaciones que en las organizaciones haya una comunicación fluida en todos los niveles, procurar un buen ambiente de trabajo, dar libertad a los empleados, delegar funciones, permitir la asunción de responsabilidades, implantar políticas de flexibilidad en todas las políticas laborales, valorar a los trabajadores, reconocer el trabajo bien hecho, incentivar adecuadamente a la plantilla, inculcar los valores de la compañía, hacer ver los errores y ayudar a superarlos, políticas retributivas adecuadas, promociones planificadas de acuerdo a un plan de carrera especifico, directrices claras y establecimiento de una política organizativa global.
Si asumimos nuestra parte de "culpa" y nos ponemos manos a la obra para cambiarlo, conseguiremos bajar este porcentaje tan alto de trabajadores que padecen esta patología. De lo contrario, si lo seguimos considerando como un mal necesario, continuará creciendo.
Tenemos que preocuparnos más de nuestros trabajadores para poder ayudarles a sentirse realizados en su puesto de trabajo.
