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viernes, 22 de agosto de 2008

¿NOS TOMAMOS UN CAFECICO?

¡La cantidad de anécdotas que se producen entorno a la máquina del café! De ahí, que la serie de humor “Camera Café” tenga tanto éxito. ¿Quién no tiene a un comercial geta, la de la limpieza dando mal, la tía buena enseñando pecho, la fea alelada, el tío gris…? Personajes que la serie ha desarrollado, que conviven en la máquina de café, que aunque ficción, no se alejan para nada de la realidad.

Pero hagamos un análisis de nuestras empresas…
Seguro que podréis encontrar paralelismos entre los personajes de ficción de la televisión y la cruda realidad de nuestra empresa.

En todas las organizaciones tenemos el “compañero geta” que suele merodear por la máquina de café en vez de estar “produciendo”. Es más, tenéis dudas si su puesto de trabajo esta en su departamento o ahí. Paséis cuando paséis, siempre os lo encontráis en el mismo sitio, con unos, con otros o incluso, solo… Controlará la rutina de toda la empresa, para siempre “pillar” a alguien con quien hablar.

También podréis encontrar en la máquina del café a la típica agobiada, que además de estarlo por el trabajo, le ocurren infinidad de curiosidades que, obviamente, comenta en el café.

¿Quién no tiene un “jefecillo” cascarrabias que, hagas lo que hagas, nunca está de acuerdo con lo que dices? Siempre tiene su opinión, que además, es la única válida. Y en esos cinco minutillos que uno busca algo de relax, te lo tropiezas, con lo que… ¡Adiós relax!

Y de la rubia de Cámera Café… ¿no encontráis a alguien en vuestra empresa? Escote arriesgado, minifalda minúscula, jugueteo con el pelo… ¿Qué os voy a contar que no sepáis? Igual, no está tan buena como la de ficción… pero seguro que el escote, no falta.

Y así como tenemos a la tía buena, tenemos a la que tiene pocas luces, que se convierte en el bicho raro de la empresa… pero que sirve para echar unas cuantas risas… Mal sentido de la estética, accesorios del rastro mal combinados, peinados de peluquería de barrio…

¿Qué me decís de la que siempre tiene noticias frescas? Siempre hay alguien que controla todo lo que le pasa a cada uno de la empresa… (La de la limpieza, suele ser de este tipo… pero ahora hablaré de ella). ¿Falta alguien? Te dice donde está. Falta el jefe, sabe donde ha ido, etc.

La de la limpieza… ¡Buff! Son todas iguales. Recatadas los primeros días, pero se sueltan la melena al poco tiempo, se conocen la vida de todos, en toda conversación se meten, incluso saben más cosas que los demás trabajadores. ¿Quién no interroga a la de la limpieza cuando necesita información? La pena es cuando coge vacaciones, que se nos va la fuente de información… Y anda que no toca todo lo que tienes en la mesa… Los productos químicos con olor son su perdición.
El Aspirador su fetiche, la escoba, su morbo… El mocho, su vara de poder…

El personaje mala leche, que todos odiamos, incluso evitamos cruzar palabra, también existe…

El frikismo, normalmente, lo encontramos en el departamento de informática… aunque no sólo ahí. Este perfil, habla otro idioma al vuestro y vive en una galaxia distinta a la de toda la empresa. Se considera corriente y no entiende por qué la gente lo encuentra raro. En todas las empresas lo ignoráis o le tratáis con la peculiaridad que le caracteriza. Porque no suele pasar desapercibido y causa gracia o asombro allí por donde pasa dentro de la empresa. ¿Quién no tiene una estación meteorológica en su puesto de trabajo?

En la serie televisiva falta un personaje importante. El que huele mal. Sobacos, pies, mal aliento, ropa… siempre encontramos en las empresas espécimenes que deben tener destruido el olfato.

Siempre tenemos al compañero responsable y trabajador del que abusáis habitualmente para que os ayude en muchas de vuestras tareas. Nunca va a deciros que no, a pesar de ir hasta arriba de trabajo. Cumple rigurosamente los procedimientos y no entiende porque los demás no lo hacéis más que cuando os interesa. En más de una ocasión recibe una bronca que no le correspondía por culpa de alguno de vosotros porque suelen pagar como dice el refrán justos por pecadores.

Otro de libro que no falta es el compañero sindicalista que revoluciona a toda la oficina para conseguir que se mejoren las condiciones del resto de vosotros comenzando siempre por él. No obstante, es el que azuza al resto para que empiece a movilizarse la gente.

Y podríamos continuar con infinidad de personajes, como el que siempre está detrás del que habla, como si fuera el pilar de apoyo de otro. Vamos, el típico dúo Pin y Pon.

El vacilón, que lleva de calle a las chicas… A veces, podría integrarse en el geta que comentaba al principio…

La que siempre está mala, tiene las enfermedades más insospechadas, le tienen que hacer análisis que jamás hayamos oído, la que tiene los dolores que para los médicos no pueden encontrar solución, la que toma las pastillas milagrosas que su vecina “La Paquita” se tomó…

También están las mamás,
que dan todos los detalles de los embarazos, de los lloros, de los pañales, de los pediatras, que usan un vocabulario que jamás habías oído…

En torno a la máquina del café se reunen infinidad de caracteres, se traman todo tipo de acciones de lo más diversa. Si las máquinas de café hablasen, se produciría más de una revolución. A parte de que se destaparían muchos secretos. El cotillear y el criticar sufrirían mucho si les quitásemos la máquina del café de golpe.

Al fin y al cabo, el café, sea bueno o no, no importa. Lo que sí importa es todo lo que la máquina del café supone.

sábado, 12 de julio de 2008

¿ÉXITO O FRACASO?

El éxito y el fracaso van unidos en una misma línea. La diferencia entre conseguir uno u otro es muy pequeña. Además, la distinción es muy personal; depende como se mire, lo que para unos puede significar un fracaso, para otros es un éxito.

La subjetividad influye a la hora de definir lo que supone un éxito o fracaso en nuestras vidas. No hay que olvidar, por otro lado, que a veces el éxito es efímero sino se sabe administrar y dosificar de forma adecuada. Igualmente, los fracasos pueden ser momentáneos y algo que en el momento de su creación o puesta en marcha, pasó desapercibido, alcanza, con posterioridad, una popularidad asombrosa de la forma más inesperada.

Los compañeros éxito y fracaso van de la mano en la misma montaña rusa que hace que tan pronto podamos estar arriba de la cima disfrutando de lo bueno como abajo intentando salir del pozo del olvido.

¿Cuántos excelentes profesionales de diferentes disciplinas, a lo largo de su vida, han realizado un excelente trabajo que ha pasado sin pena ni gloria y el reconocimiento les llega con posterioridad a su muerte? Sabemos que a veces, éste llega tarde porque como todos sabemos la vida no es justa.

Desgraciadamente todos somos un producto y depende del marketing que tengamos detrás llegaremos más o menos alto. Muchas veces, a los encargados de mover la maquinaria publicitaria exitosa, no les gusta vuestro producto porque no le encaja y esto para muchos supone un fracaso. Y tras esta experiencia, deciden tirar la toalla porque se creen que su producto no es bueno.

Efectivamente, ha sido por un lado un éxito porque habéis demostrado que el que os cerró la puerta, tenía razón y eso va a conseguir que su opinión coja peso. Por otro lado,
es un fracaso porque habéis demostrado no que no tengáis talento o valía para ello, sino constancia y perseverancia por lograr llegar lejos.

De elegir esa ruta, la mediocridad os va a acompañar durante toda vuestra vida, a pesar de poder tener talento, porque os importa más una puerta cerrada que continuar trabajando duramente a pesar de no llegar a la popularidad.
La popularidad, aunque os lo creáis, no siempre significa éxito y, mucho menos, que se tenga talento.

A veces un “no” es un gran éxito porque, debido a eso, aprendemos una gran lección que nos ayudara a conseguir un “si” mucho más importante.

Si creemos en nosotros mismos, tenemos la fuerza y el equilibrio suficiente para no desistir a pesar de las dificultades o de la tardanza en conseguir a llegar a ser alguien en nuestra disciplina, lo alcanzaremos. Sin embargo, igual no llega cuando esperamos a pesar de ello el intentarlo habrá sido un éxito y tarde o temprano serás reconocido a pesar de no verlo cuando tu deseas.

No podemos dejar influenciarnos por los demás y tenemos que ser objetivos para poder discernir si el trabajo que hacemos es bueno o malo a pesar de no triunfar. A parte el triunfar o no va a depender de lo que entendamos por esto. Igualmente pasa lo mismo con el fracaso. Por lo tanto,
júzgalo tú mismo y saca tus propias impresiones sin dejarte influenciar por las opiniones externas o cercanas que a veces son contaminantes y perjudiciales.

Hay que conseguir que muchos factores coincidan para llegar a triunfar con rapidez entre los que está la valía aunque, desgraciadamente, va en el furgón de cola de los que más influyen. Los que más influyen son factores no controlables, como la suerte. O factores poco válidos como tener contactos que nos hagan llegar al sitio que les corresponde por méritos propios a otros.

A pesar de esto ¿Estáis dispuestos a intentarlo?

viernes, 11 de julio de 2008

COSTUMBRE ESPAÑOLA

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) determinó recientemente que los hábitos horarios españoles perjudican la salud, el rendimiento laboral e incrementan el número de accidentes de tráfico de los trabajadores españoles durante su jornada. Esto es debido a que nuestros hábitos horarios no favorecen el descanso, ni aportan las horas de sueño suficientes.

Para rendir adecuadamente, hay que descansar el tiempo suficiente. Numerosos estudios establecen que hay que dormir un mínimo de 8 horas diarias para conseguir descansar de forma adecuada y que nos va a permitir levantarnos con las pilas cargadas para rendir con energía al día siguiente. Sin embargo, en España nos acostamos muy tarde y nos levantamos muy pronto durante los días de trabajo y esto supone descansar menos de las 8 horas necesarias. Esto hace que estemos más cansados, descentrados, despistados por no descansar lo suficiente y repercute directamente en nuestra atención y rendimiento en las tareas del trabajo; es decir, nos cuesta hacer nuestras tareas laborales mucho más tiempo por que el descansar menos de lo debido repercute negativamente en nuestra productividad.

Y para producir lo estipulado, tenemos que alargar nuestras jornadas de trabajo. Al salir después de un largo día de trabajo, nos convertimos en una bomba de relojería en la carretera. Nuestros reflejos y atención disminuyen considerablemente. Y para conducir tenemos que estar con mil ojos porque un despiste de una décima de segundo puede costarnos caro.

Si, además, cada vez las empresas están más lejos de la ciudad, es inevitable tener que coger el vehículo. En los últimos tres años, están aumentando peligrosamente los accidentes de trabajo in itinere, al ir o volver de la empresa.

A parte, acudimos a nuestro trabajo de muy mal humor porque el dormir poco hace que estemos más irritados. A la mínima, “saltamos” pagándolo con nuestro entorno de trabajo porque no nos aguantamos ni a nosotros mismos. Si descansáramos el tiempo debido comenzaríamos nuestra jornada de trabajo con otro talante.

Así que, hasta mitad de mañana, muchos “no son personas” en su trabajo y su mejor acompañante es la máquina del café, que hace que funcionen durante esas primeras horas del día a mejor ritmo.

No olvidemos que ciertos entretenimientos no ayudan a mejorar nuestros hábitos horarios: la televisión, por ejemplo; en nuestro país se suelen emitir los programas de mayor audiencia e interés muy entrada la noche, lo que provoca que nos acostemos más tarde. Porque a pesar de disponer de vídeos que nos permitirían grabar esos programas comenzamos a verlos y nos enganchamos porque parece que si nos los vemos en directo nos perdemos algo. Algunas cadenas, además, aprovechan los últimos minutos de un programa para hacer pausas eternas para descubrir el desenlace del capítulo o agarrar nuestra atención para ver el siguiente episodio.

Es un gran problema cultural. Tenemos que reeducarnos en nuestros hábitos horarios. Eso sí, para provocar esto, tienen que cambiar muchas cosas que lo motiven. Las instituciones son las primeras que tienen que mover ficha implantando leyes que obliguen a tomar el camino necesario.

martes, 24 de junio de 2008

EL PODER DEL MANDO DEL AIRE ACONDICIONADO

Con la llegada del verano se produce una lucha interna en las organizaciones en torno a la temperatura de las oficinas y aire acondicionado. La temperatura es un factor muy importante para poder realizar el trabajo en condiciones de bienestar que nos permita efectuar el mismo de forma adecuada.
La legislación establece una temperatura estándar que considera adecuada para los diferentes ámbitos en los que se puede realizar el trabajo. Yo me voy a centrar exclusivamente en el trabajo de oficina donde las temperaturas estándar para verano es una temperatura de 22 a 25 grados en función de diferentes factores.

Aun así, esto es muy relativo porque cada persona tenemos un comportamiento diferente según nuestra temperatura corporal, es decir, lo que para una persona es un temperatura adecuada para otra puede ser frió o calor.

En las empresas se ha optado por tener reguladores de temperatura generales por salas que suelen estar reguladas por el departamento de mantenimiento (u otro al que le "caiga" la responsabilidad del... mando) poniendo las temperaturas estándar acordadas para cada temporada del año. Si el termostato se deja a la regulación de los trabajadores de las diferentes dependencias de la empresa se producen verdaderas batallas para imponer en cada sector la temperatura que considera ideal, claro está, desde su punto de vista. Cuantas más personas están en el mismo recinto peor es la convivencia por culpa de algo tan tonto como el aire acondicionado.

Eso sí, los hombres, con sus trajes y corbatas se ven acalorados por el "uniforme". Por otro lado, nos encontramos a las mujeres que tan apenas llevan un cordoncillo que sujeta en su posición sus escasos vestidos. El aire acondicionado se enciende, y empieza la batalla campal.


Tenemos que darnos cuenta de que en la oficina no estamos solos y que tenemos que convivir con otras personas. Esto supone en ceder en el tema de la temperatura intentando llegar a un consenso. A veces, una simple chaqueta puede cubrir.

Las oficinas se convierten en verdaderos centros meteorológicos (bueno... simplemente hay termómetros por todas partes) que hacen que un número sea motivo de discordia.

La máquina del aire acondicionado, tampoco ayuda. En muchas ocasiones, el sistema tampoco está del todo bien instalado. A veces el termostato, dice que hace una temperatura pero se siente más frío o más calor. En fin, que tampoco ayuda, como decía.

No podemos pretender imponer nuestro criterio porque esto demuestra poco compañerismo y siempre tendremos que consultar con el resto si les parece adecuado. O establecer períodos en los que todos vayamos haciendo concesiones. Todos, en el fondo, somos especiales, sin embargo, el límite está en saber comportarnos sin superar los límites considerados lógicos.

La persona encargada del mando tiene una labor difícil. Contentar a todos. Tampoco olvidemos que m
uchas veces también la sensación de calor o frió es psicológica; simplemente oyendo como el sistema empieza a funcionar, nos sugestiona a sentir el frío.

La oficina es un lugar de trabajo, no solo para unos, sino para todos y hay que llegar a un consenso. Ante todo, habrá que seguir intentando incentivar el trabajo en equipo para crear un clima de cooperación que se va a trasladar a todos los ámbitos ayudándonos a resolver estas pequeños conflictos sin importancia.

lunes, 16 de junio de 2008

SI TU TE PIENSAS QUE TE VOY A DAR LA RAZÓN.....

Todos, en algún momento de nuestra vida profesional, nos mantenemos firmes en alguna postura, sin dar nuestro brazo a torcer, porque estamos seguros al 100% de tener razón. De vez en cuando, hay que tener firmeza y no ceder para dejar claro que, en ocasiones, sabemos mantener una decisión, pese a quien pese.

El ser cabezota en su justa medida es positivo porque demuestra tener las ideas claras. No es lógica, tampoco, la actitud de ciertas personas que ceden en todo para no crear conflictos. Esto demuestra tener poca personalidad y criterio propio. Pero no siempre, la cabezonería es una buena característica.

Lógicamente, el ser cabezota supone saber reconocer cuando nos hemos equivocado y saber dar nuestro brazo a torcer en los asuntos que no llevamos razón. Demuestra mucha madurez el reconocer a la otra parte que nos equivocamos y que en esta ocasión su postura era la correcta.

Aun así, en el mundo laboral, nos encontramos con ciertos trabajadores que siempre tienen que tener razón y que han adquirido como rol el discutir todo a sabiendas de no tener la razón en muchas ocasiones. Es una forma de comportarse ante los demás que suele darse comúnmente en personas muy orgullosas, que son incapaces de reconocer sus errores por miedos internos mal plateados. Argumentan todo lo que les llega a sus oídos, leen, o simplemente ocurre en su entorno. Saben de todo. De todo opinan. Y, curiosamente, son los que más se suelen oír.

Desgraciadamente, es complicado convivir con este tipo de trabajadores. Ellos llevan todo comentario a una provocación constante, que les permite sentir que dominan la situación. Lo que esperan y más les gusta es que entremos al juego de discutir. Disfrutan acalorando a sus interlocutores y cuanto más tensa es la situación, más firmes, más opuestos se posicionan.

Debéis saber tener una escala de valores propios en el trabajo, con unos límites muy claros de en qué temas tenéis que ceder y en cuales no se puede hacer.

A estos trabajadores, hay que saber llevárselos a su terreno y la mejor forma es con una de cal y otra de arena, para que vayan educándose en sus relaciones con cada compañero de trabajo.

Muchas veces, el ignorarles también es un buena formula disuasoria de este tipo de comportamientos. Les sabe fatal pasar desapercibidos o ser ignorados cuando están intentando defender, una vez más, su criterio.

Personalmente, creo que lo peor que podemos hacer es entrar en su juego. No podemos entrar al trapo para discutir sobre cualquier cosa de forma acalorada, como él/ella quiere. Son personas que buscan sacar de quicio a los demás y que discuten por todo. Por lo tanto, tenemos que saber mantener la calma a pesar de que nos cueste.

Muchas veces, el usar el sarcasmo ante este tipo de personas es una buena forma de afrontarlos, porque les estamos dando de su propia medicina.

Nunca sabes como acertar; van a protestar por todo y siempre van a encontrar una razón que les justifique a ellos mismos el llevar la contraria.

Son personas que a lo largo de sus vidas han estado acostumbrados a conseguir todo lo que se proponían y que no les han sabido marcar en su infancia y adolescencia (etapas claves del desarrollo) una reglas claras de comportamiento que todos tenemos que aprender, antes o después, dependiendo de la forma de ser de cada uno.

Hay que guiar a estas personas hacia el camino correcto de forma planificada e inteligente. Esto es como ir a pescar. Debemos preparar el anzuelo y soltarlo para que algunas veces los atrapen a la primera y otras no lo consigan a pesar de intentarlo. En ocasiones soltamos el hilo de nuestra caña para que ellos ganen terreno cediendo en esta ocasión. En otras ocasiones, debemos recoger el hilo rápidamente tensando nuestra postura que les hará verse avocados a ceder ante nuestra estrategia.

Es la única manera de convivir, dentro de lo que cabe, con este tipo de trabajadores, educándonos en primer lugar a nosotros mismos respecto a la forma de actuar con ellos y, posteriormente, educarles a ellos, exponiendo las reglas de nuestro juego. Hay que hacerles que creer que dominan la situación, al menos teóricamente, aunque, en la práctica, sea todo lo contrario.

Ahora lanzo un par de preguntas para conocer vuestra opinión:

¿Cuál es vuestra estrategia antes este tipo de personas? ¿Entrar al trapo os aporta algo?

viernes, 15 de febrero de 2008

GERENTE APLICADO

Cuentan que un gerente muy importante de una empresa multinacional tuvo una crisis cardiaca por culpa del trabajo. Fue dado de baja y enviado al campo con el objeto de recuperar las fuerzas y relajarse un poco.

Después de pasar dos días sin hacer nada, el hombre estaba ya harto de la vida bucólica y pastoril, y se aburría soberanamente. Así que decidió hablar con el granjero que le hospedaba y solicitarle alguna tarea sencillita para pasar el rato y ocupar el tiempo, a la vez que así hacía algo de ejercicio.

Al día siguiente se levantaron temprano, antes de que saliera el sol. El granjero, conocedor de la idiosincrasia de la gente de ciudad, y temiendo algún estropicio irreparable, resolvió asignarle tareas simples en las que no pudiera causar daño alguno (incluyéndole a él mismo): - La tarea es muy sencilla -dijo el granjero dándole una pala-, sólo tiene que recoger el estiércol que hay en el chiquero de los cerdos y repartirlo por el sembrado para abonarlo. Cuando termine venga a verme. El granjero era propietario de más de doscientos cerdos, y el estiércol se acumulaba hasta la altura de la rodilla. Así que el hombre estimó que la faena le llevaría al gerente dos o tres días.

Cuál no fue su sorpresa, cuando al cabo de tres horas apareció el gerente, lleno de estiércol hasta las orejas, sonriente y con cara de satisfecho: - Ya he terminado. Viendo que en efecto la tarea estaba terminada, y además con eficiencia, el granjero decidió asignarle otra: - Bien, hay que sacrificar unos pollos que mañana vienen a recoger los de la carnicería. Basta con cortarles la cabeza -dijo dándole un enorme cuchillo-.Es un poco más complicado, pero seguro que puede hacerlo". Había más de 1.500 pollos para sacrificar, y supuso que el gerente no terminaría hasta bien entrada la noche. Incluso pensó en ayudarle más adelante cuando terminara de recoger la siembra.

Apenas habían pasado un par de horas cuando el gerente se presentó ante él, con toda la ropa y la cara manchadas de sangre, el cuchillo mellado, y sonriente como un niño el día de los Reyes Magos - Ya he terminado. El granjero no salía de su asombro. ¡Increíble! El mismo, acostumbrado a la dura vida rural, no lo hubiera hecho mejor: los 1.500 pollos estaban amontonados en un lado y las 1.500 cabezas en otro lado.

El granjero se rascó la cabeza pensativo. Llevó al gerente junto a un gran montón de papas y le dijo: - Muy bien. Ahora hay que separar las papas. Las grandes a la derecha y las pequeñas a la izquierda. El granjero pensó que en menos de una hora vería otra vez al gerente pidiéndole más trabajo. Pero no fue así. Pasó la hora de comer, la hora de cenar, se hizo de noche, y el gerente no aparecía.

Creyendo que algo le habría sucedido, el asustado granjero fue donde lo había dejado al gerente y se lo encontró sentado delante del mismo montón de papas, sin que hubiera separado ninguna... " - ¿Le pasa algo? -preguntó extrañado.

El gerente se volvió con una papa en la mano y le contestó: - Mire: repartir estiércol y cortar cabezas es algo a lo que estoy muy acostumbrado... pero esto de tomar decisiones...!

¿MI OFICINA ES MEJOR QUE UNA PRISIÓN?

Usted no puede compararse con un delincuente. Usted es un hombre o mujer honrado/a y con su duro esfuerzo cotidiano alimenta su familia y colabora en el crecimiento de su país.

Por ello, existen grandes diferencias entre una celda de prisión y su oficina, y con el fin de que valore las ventajas de la vida sacrificada y laboriosa, se las recordamos una vez más:

1. En la prisión pasas la mayor parte del tiempo en una celda de 3 por 2.5 metros. En el trabajo pasas la mayor parte del tiempo en un cubículo de 1.5 por 2 metros.

2. En la prisión la celda tiene una ventana pequeña al exterior y ventilación natural. En el trabajo los cubículos no tienen ventanas al exterior y la ventilación no existe.

3. En la prisión te dan tres comidas al día (gratis). En el trabajo, tienes como máximo 40 minutos para salir a comer pagas tú y es mucho peor que la de la prisión.

4. En la prisión nadie te molesta porque fumes. En el trabajo si fumas te declaran inadaptado social.

5. En la prisión la pena se acorta por buen comportamiento. En el trabajo si te portas bien te premian con más trabajo.

6. En la prisión nadie te molesta porque veas TV o leas un libro. En el trabajo si te descubren viendo TV o leyendo un libro te despiden.

7. En la prisión permiten que tu familia y amigos te visiten. En el trabajo ni siquiera puedes hablar con ellos por teléfono.

8. En la prisión haces ejercicios todos los días: caminas por el patio y prácticas deportes En el trabajo no levantas la cabeza del escritorio tú espalda es un nudo y la escoliosis severa te impide pararte derecho.

9. En la prisión tus gastos los pagan los contribuyentes y nadie te obliga a trabajar. En el trabajo tienes que pagar todos los gastos por ir a trabajar, y además te deducen con los que pagan los gastos de los encarcelados.

10. En la prisión los funcionarios por lo general son unos sádicos. En el trabajo TAMBIEN y los llaman Jefes. ¡Estupendo! listos para vivir una jornada más de gloriosa actividad en la oficina. Y recuerda: en pocos minutos más y mientras te rompes el lomo bajo una pila de papeles, en la cárcel los sufridos presos empezarán a jugar un partido de fútbol en el patio. ¿ROBAMOS UN BANCO?