Hoy, como un domingo cualquiera se me ha ocurrido ir de nuevo a la Expo para continuar viendo los diferentes pabellones y espectáculos. Sin embargo, aunque la finalidad principal de mi visita es disfrutar, no puedo dejar de fijarme en la organización de la gestión, por deformación profesional; ya lo sé, soy un caso.
En comparación con la anterior visita, puedo comentar que, por ejemplo, se han dotado de más máquinas de Fast Pass para poder sacarse la cita previa para los diferentes pabellones más solicitados. La idea no es mala, teóricamente. El evitar hacer fila en los diferentes pabellones siempre es atractivo, pero no hacemos nada si las filas las pasamos del pabellón que sea a las máquinas de Fast Pass.
Eso sí, de poco sirve, cuando, sorprendentemente, hoy muchas de las máquinas de Fast Pass estaban estropeadas y,
por lo visto, ya llevan varios días sin funcionar, así que nos quedamos igual que la primera vez que fui. Enormes filas en las máquinas. Por lo menos, en esta ocasión había un empleado en cada máquina para ayudar a los visitantes en el funcionamiento de las mismas, que en mi anterior visita, no ocurría. Por lo tanto, alguna cosa ha mejorado.
Sin embargo, es lamentable la mala organización de las filas que se forman y del sistema de Fast Pass. Se supone que este sistema era para agilizar las esperas. La idea está bien pero no funciona como debería ser. No olvidemos que a la entrada, se forman largas filas que se eternizan porque todo el mundo lleva mochilas que han de pasar por el scanner. Por lo tanto, son dos filas al principio: la de la entrada y la de la máquina de Fast Pass. Y yo me pregunto ¿no hubiera sido mejor unificar ambas? A la vez que te validan la entrada podrían facilitarte hora para uno de los pabellones de más aforo.
Hoy, por fin, conseguí entrar al pabellón de España, para el cual hay filas imposibles y en el audiovisual había varias filas vacías de gente que no acudió. Pues bien, la lógica nos dice que los empleados que gestionan el flujo de visitantes deberían haber cubierto esas plazas libres con personas que esperaban para acortar las esperas. Eso demostraría demasiada profesionalidad. Esas dos filas se quedaron vacías. ¡Qué más da! ¡Que la gente espere!Para empeorar las cosas, el pabellón de España “va por libre”. Tiene un sistema de Fast Pass independiente del resto, algo que no entiendo; debería haber una homogeneidad y funcionar todos los pabellones a través del mismo sistema.
Hoy también, después de esperar un buen rato, conseguí entrar al pabellón de Kuwait y cual es mi sorpresa que, en la fila de espera, detrás de mi había un grupo de voluntarios y trabajadores de la Expo, que en su turno de trabajo estaban visitando los pabellones. Los voluntarios y personal en uniforme EXPO, tienen terminantemente prohibido visitar los pabellones. Quiero pensar que es algo puntual. ¿Dónde están los controles de sus coordinadores? Y mientras tanto, muchos visitantes están desubicados mientras los trabajadores se divierten. ¡Qué bien!
En los puntos de información, ésta brilla por su ausencia. Por ejemplo, preguntes lo que preguntes de los medios de transporte de la muestra, no tienen ni idea, eso sí, la sonrisa y la amabilidad no les falta, sin embargo, si ellos no saben este tipo de cosas ¿quién va a hacerlo? A este paso cuando acabe la muestra será cuando lo tengan todo aprendido.
Aunque no quieran reconocerlo, está viniendo menos gente de otras provincias y países de lo que se esperaba. En el primer mes, el 70% del total de visitantes son locales, de Zaragoza y su provincia. Los elevados precios de las plazas hoteleras y el escaso marketing hecho durante los meses previos al inicio de la muestra, no han ayudado. El trabajo previo es fundamental y si no se hace bien pasa esto.
Para rematar, este mediodía con todo el sol, he visto a una pobre trabajadora en unos nuevos puntos de información móviles, al sol y sin traje corporativo de la Expo.
Esto es prevenir los riesgos laborales de los empleados. El miércoles pasado, el primer día que se ponía en marcha el tercer acto del espectáculo del Hombre Vertiente, en la que el actor principal vuela entre el publico. Volar, voló pero se estrelló contra el suelo y actualmente se encuentra recuperándose en la UVI del hospital Miguel Servet de Zaragoza. Afortunadamente, va mejorando aunque aun está grave. De momento, el espectáculo esta suspendido. Habrá que investigar qué pasó aunque de momento no han dado datos de por qué se produjo.He hecho mucha crítica constructiva, pero, para aquellos que no lo hayan hecho hasta ahora, merece la pena acudir a la Expo. Sin embargo, hay que ir con una dosis extra de paciencia para no desesperarse. A nivel de gestión de personas, la muestra no demuestra mucha profesionalidad, pese a que han tenido tiempo para prepararse. No me vale que, con tanto volumen de visitantes, no se pueda conseguir. Es precisamente en los días de más afluencia de personas cuando se ve si a nivel organizacional funcionan las cosas correctamente. Hace no muchos días un periódico extranjero criticaba que era muy complicado encontrar trabajadores y voluntarios de la Expo que hablasen inglés para los visitantes de otros países. A los voluntarios no se les puede exigir este requisito pero los encargados de hacer la selección de trabajadores debieron de pasar esto por alto. Sin omitir la dificultad de encontrar este tipo de perfiles para un evento temporal, no es imposible.
Creo que alguien tendrá que asumir su parte de responsabilidad porque quedan dos meses de muestra y como no se comience ya a mejorar vamos a dar una imagen lamentable. Aunque ya vamos a llegar tarde y mal.

