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miércoles, 7 de octubre de 2009

DESCONECTAR DEL TRABAJO

Muchas personas, al llegar las vacaciones, desconectan del espacio físico de trabajo aunque se llevan artilugios tecnológicos que les hará estar conectados interactivamente durante todos los días de descanso. Vamos que el chip mental, en cierta medida, lo tienen en el trabajo por muy lejos que se encuentren de vacaciones.

Desconectar del trabajo es muy complicado pero no imposible. Y no olvidemos que estar disponible en vacaciones por el puesto que se ocupe no significa que se dé prioridad a esto frente al ocio y al descanso de vacaciones. Porque una cosa es algo urgente y otra cosa son los asuntos rutinarios que pueden solucionar otros compañeros. Cierto que muchos trabajadores tienen contacto con clientes y estos son prioritarios para el negocio, sin embargo, a veces también abusan y no contactan al “sustituto”. A lo que me refiero es necesario establecer un protocolo de filtro para que sólo atendáis las cosas realmente importantes y urgentes.

Con las nuevas herramientas tecnológicas (blackberry, portátil, móvil, agenda) la adicción a las mismas está creciendo a pasos agigantados y, dentro de poco, la gente se tendrá que tratar de ese tipo de patologías sino consiguen controlar su “adicción”.

Hace años en las playas se veían entre las tumbonas y las sombrillas revistas, periódicos y como novedad el radiocasete o el discman. También abundaban las palas, los cubos, los rastrillos, balones que ahora ya casi están en peligro de extinción. Ahora lo que abunda en la arena son los portátiles, las agendas electrónicas, móviles y demás artilugios para entretener a niños y mayores.

No digo que alguno no tengáis que atender trabajo en tiempo de ocio, sin embargo, debería de pactarse y establecerse unos límites y que se valore, por otro lado, la labor que hacéis en horas extras no remuneradas ni recompensadas de ningún modo. Aclaro esto porque sino, lo que empieza como algo esporádico u ocasional para solucionar algún contratiempo en el trabajo, se os puede convertir en algo habitual que afecte a todos vuestro fines de semana y tramos de las tardes fuera del horario laboral porque la gente lo toma como hábito.

Porque pregunto yo ¿de qué os sirve llevaros el portátil a la playa si vais para estar con vuestra familia? Porque si atendéis al portátil o artilugio que sea, poco caso podéis hacer a vuestros hijos con los que tenéis unos días para disfrutar a tiempo completo.

No pasa nada porque en vuestras dos semanas de trabajo no tengáis noticias del trabajo porque eso no supone que lo vayáis a perder sino que saben daros un respiro y que desconectéis de verdad. Hay gente que cada cinco minutos tiene que estar mirando su móvil o portátil, incluso en vacaciones y este tipo de personas, sin ser un experto, creo que tiene un serio problema de adicción a sus herramientas tecnológicas. Antes, estas herramientas no existían y las personas, ocupasen cualquier puesto del escalafón, disfrutaban de sus vacaciones desconectadas y no se acababa el mundo. Eso sí, solían tener un teléfono fijo de referencia por si ocurría algún cataclismo.

Y pregunto yo ¿Por qué ahora somos incapaces de sobrevivir sin estos artilugios?

Soy el primero que reconozco que nos facilitan mucho la vida y nos permiten obtener mucha información a través de un único canal y de hablar con personas de cualquier parte del mundo a tiempo real; sin embargo, debemos saber usarlas con medida y sentido común para evitar que nos metan al 100% en el mundo en red porque también hay que seguir disfrutando de la vida real y del contacto presencial sin maquinas de por medio.

La flexibilidad laboral y la conciliación cuestan mucho conseguirlas y no podemos permitir que estas herramientas lo pongan en peligro. Por eso no sólo debéis educaros vosotros sino también a las personas que necesitan llamaros a esas herramientas.

La flexibilidad conlleva que tengáis mayor disponibilidad de vuestro tiempo para organizarlo como queráis a las diversas facetas de vuestra vida y eso a veces supone disponer de estos artilugios para estar en contacto con el espacio físico del trabajo, organizando unas reglas de juego. De no hacerlo así, el desmadre campará a sus anchas.

¿Qué opináis?

viernes, 4 de septiembre de 2009

ÉRASE UNA VEZ, LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

El verano va llegando a su fin. La gran mayoría de las personas habrán disfrutado de sus vacaciones ya, pero no todos. Los hábitos vacacionales de los españoles van cambiando y ya se disfrutan de las vacaciones a lo largo de todo el año ,por lo que ese concepto de “grandes capitales vacías en agosto” va alejándose, poco a poco, de la realidad.

Por estas fechas, es muy típico que se hable del síndrome postvacacional. Dicen sufrirlo 1 de cada 3 españoles. Personalmente creo que se exagera y que ni de asomo puede compararse con una depresión, a no ser que el tema venga ya de atrás por circunstancias acumuladas.

Soy de la opinión que es algo mental, magnificado por las personas que dicen sufrirlo porque realmente no deben tener una cosa mejor que hacer ni a la que dar vueltas. Indudablemente, siempre se está mejor de relax y desconectado del trabajo que no dentro de la rutina laboral. También esto suele pasar cuando el fin de semana llega a su fin y nos entra una pereza enorme de que llegue el lunes y el trabajo que conlleva. Además, cuanto menos hace uno en sus vacaciones más esfuerzo cuesta volver.

Posiblemente, muchas personas tienen problemas en sus trabajos por diversas circunstancias y les da “pampurrias” ir a trabajar, no solo los lunes, sino también los martes y todos los días sucesivos de las semanas. Cuando os ocurra esto, tendréis que plantaros e intentar cambiar la situación, tomando cartas en el asunto.

Esto es como la vuelta al colé; los niños, el primer día, lloran y después, tras reencontrarse con sus amigos y profesores, vuelven a cambiar el chip. El trabajo es igual porque uno vuelve y coincide con compañeros que hace semanas que no veía y se ponen al día, después vuelve a retomar temas laborales pendientes y nuevos que le motivan en mayor o menor medida, etc. También es cierto que cada persona se queja de lo que le ocurre a él, sin embargo, en estos días que vivimos, mejor es tener trabajo que no.

Estar de vacaciones eternas se nos haría inaguantable porque no podríamos disfrutar de ellas con nuestro círculo más cercano, puesto que ellos tendrían obligaciones que atender y las vacaciones se tornarían rutina. Lo bueno de las vacaciones es que siempre nos sacan de lo que hacemos todos los días.

Las vacaciones prolongadas son un sueño utópico. Aquellos que este año ya lo empezaron en paro, supone que tienen que matar el tiempo como pueden para no volverse locos, dándole vueltas a la cabeza de qué hacer y hacia donde enfocarse porque por mucho que se dediquen en cuerpo y alma a buscar trabajo, tienen todo el día para pensar.

Así que hay que ser maduros y saber controlar esos sentimientos. Cuando se aproxime la fecha de vuelta a la rutina laboral es recomendable comenzar un par de días antes a amoldarse de nuevo a esa vida y hacerse a la idea para que la vuelta sea lo menos dura posible, que dependerá de cómo lo queráis afrontar cada uno de vosotros.

Me parece increíble que muchas personas tengan que acudir a terapia por este tipo de patologías a las que se le da bombo y platillo, que hace que la gente se apunte a “la moda” de tener síndrome postvacacional porque es “cool” y “todos mis amigos están deprimidos por volver a trabajar”. Y así, de paso, muchos, si pueden, se escaquean un par de días del trabajo con el cuento este.

viernes, 24 de julio de 2009

PAUSA MOMENTÁNEA

Este año esta siendo muy intenso, lleno de altos y bajos. Así que ha llegado el momento de decir “adiós” de forma temporal porque me tomo unas semanas de descanso para volver con energías renovadas.

Por supuesto, que esté inactivo en publicaciones no quiere decir que lo esté estas semanas en temas sobre los que hablar porque pensaré sobre nuevos contenidos. También debo meditar sobre cómo introducir varias secciones que llevo en mente y cómo enfocar otros temas relacionados para el blog. Las vacaciones también son una buena época para plantearse qué hacer en muchos aspectos.

Desearos a todos vosotros que paséis buenas vacaciones, estéis donde estéis y que volváis con el chip cambiado para afrontar vuestra situación personal de la mejor forma posible.

Estas semanas no será por temas a los que poder acudir para entreteneros porque otra cosa no, pero variedad de temas hay en este blog.

Bueno espero reencontrarme con todos vosotros a la vuelta de mi descanso que está previsto aproximadamente para la segunda quincena de agosto día arriba día abajo.

lunes, 18 de agosto de 2008

QUIERO MÁS FIESTA

Constantemente, la gente se queja de que dispone de pocos días de vacaciones y días libres; por regla general, los que más se quejan son los que menos deben de hacerlo porque disponen de más días que nadie.

Un colectivo que, desde mi punto de vista, no debe quejarse es el de los funcionarios públicos, independientemente de la administración u organismo al que pertenezcan. Es comúnmente sabido que a parte de las vacaciones anuales que disponen, tienen días de asuntos propios, más los días de libres disposición (popularmente conocidos como “mocosos”); hasta aquí todo me parece bien.

Soy consciente de que en el momento que uno critica esto, la frase más común que nos podemos oír por gente de este colectivo es “haberte sacado tú una plaza de funcionario”.
Pues aunque parezca mentira no es la envidia la que me empuja a hablar de este tema, sino por justicia y por llamar a las cosas por su nombre.

Empecemos por los días de asuntos propios o personales (aquí se tienen que englobar aquellos asuntos que no entran dentro de los permisos retribuidos a ausentarse por medico, fallecimiento o enfermedad de familiar hasta el segundo grado de consanguinidad a afinidad, etc.)
Para poder disponer de estos días, los funcionarios, como todo hijo de vecino, no han de dar explicaciones sino que deberán justificar de forma general el motivo personal o propio que motiva su ausencia.

Lo que es una vergüenza es que estos días se dispongan anualmente, independientemente de que se tengan asuntos personales o propios que lo motiven;
esto hace perder esencia al motivo por el que se crearon y pasan a convertirse en más vacaciones a disfrutar.

Luego nos sorprende que la administración funcione tan mal y que haya multitud de retrasos en la realización de muchos tramites. Está claro que la culpa no la tienen los propios funcionarios sino las personas que tienen que regular esto, que consienten que esto lleve pasando años. Ahora cualquiera lo quita porque en nuestro país en el momento que se nos da algo, sea justo o no, lo archivamos como derecho adquirido.

Pero no contentos con esto, tenemos que añadir la figura que se sacaron hace unos años de la manga: los días de libre disposición (moscosos) que, como su nombre indeterminado indica, son más vacaciones. ¡Cómo sino tuviesen ya pocas!. Por supuesto se los cogen todos los funcionarios anualmente. Otra cosa es que se den días adicionales de vacaciones por la acumulación de trienios a nivel de antigüedad en el cargo porque, justo o no, tiene una justificación.

Para continuar con la cordura, no hay homogeneidad. Cada administración u organismo tiene más o menos días por asuntos propios y de libre disposición sin justificación lógica. Depende de quien hizo la correspondiente regulación en ese organismo.
Esto es inaceptable. Todos deberían de disponer de los mismos días independientemente de que sean funcionarios del Estado, Comunidad Autónoma, Organismos locales, etc.

En el sector privado las cosas son muy distintas y
depende de lo que regule cada sector empresarial o empresa en su convenio colectivo.

Suelen recogerse, a parte de los permisos retribuidos que a todos nos corresponden (por asistencia al medico, fallecimiento o enfermedad de algún familiar hasta el 2º grado de consanguinidad o afinidad, cambio de domicilio, etc.), un par de días para asuntos propios, que se pueden disponer SÓLO en caso de que los necesitemos. Por supuesto, no son tantos días como en la administración publica porque no es preciso ni lógico. Hay organismos públicos en la que sus funcionarios disponen de hasta 8 días por asuntos propios.

Se puede disponer de este tipo de días cuando realmente los necesitemos, para asuntos personales. En la empresa privada, no podemos permitir que se llegue al abuso de la administración pública.

De todas formas, tampoco es tan estricto. Si en un momento dado, uno necesita más días libres por asuntos personales, todo se puede negociar en vuestra empresa;
hay que ser rigurosos a la vez que flexibles. Y se puede llegar a un acuerdo lógico que no perjudique a ninguna de las partes. Todo es posible si hay voluntad de hacerlo.

Las excepciones tienen que estar justificadas porque sino creamos precedente habrá que concederlo a todas las personas que estén en una situación semejante en un futuro.

Por lo tanto, creo que se debe modificar el abuso que se produce en la administración pública y modificarse la regulación de los días de asuntos propios y de los moscosos y llamar a cada cosa por su nombre, con justificación.

Por supuesto, esto el día que se haga, sentará fatal, sin embargo, hay que hacerlo para avanzar hacia una administración adaptada a la realidad social en la que se vive.

martes, 8 de julio de 2008

VACACIONES, YO SÍ TÚ NO, ¿ESTÁ BIEN?

A finales de junio, colaboré en un artículo en el periódico El País en el que comentaba los conflictos más habituales a la hora de solicitar las vacaciones de verano.

Para estas fechas, la gran mayoría de los españoles ya tenemos organizadas nuestras vacaciones de verano. Aunque también es cierto que, este año, por el tema de la crisis, quedan, a estas alturas, muchos destinos disponibles, algo que no pasaba en años anteriores.

Los trabajadores deben comenzar a solicitar sus vacaciones de verano sobre el mes de abril para que, así, el departamento de recursos humanos pueda recopilar todas las peticiones y comenzar a organizar con los responsables de cada equipo de trabajo los turnos de vacaciones. Siempre se van a producir coincidencias entre personas del mismo equipo, que habrá que resolver de alguna forma que beneficie a las partes implicadas.

Lo que no tiene sentido es pretender que los trabajadores nos hagan llegar sus peticiones de vacaciones a principios de año. Por qué en enero ¿quién sabe las vacaciones que va a solicitar? Los planes no se hacen con tanta antelación, por lo tanto, tienen que ser plazos lógicos.

En verano, todo el mundo suele querer las mismas fechas; en los casos en que coinciden los días entre varias personas, hay que desempatar de alguna manera. De todas formas, la distribución de los turnos genera mucha tensión e incluso, donde la organización lo permite, se producen trueques entre compañeros de sus turnos de vacaciones; lo importante es la prestación del servicio y no quien lo preste, algo peligroso si no se regula adecuadamente.

Para regularlo de forma clara es fundamental establecer criterios de adjudicación. Por ejemplo, muchas empresas priman la antigüedad de los trabajadores.

La ley de conciliación indica que, en el supuesto de que exista coincidencia en los turnos de vacaciones, el orden de preferencia para elegir será el siguiente:

1.- Los trabajadores con responsabilidades familiares.
2.- Los trabajadores con mayor antigüedad en la empresa.
3.- Los trabajadores con mayor antigüedad en la categoría.

Otras veces, se realizan sorteos de los turnos de vacaciones, criterio muy injusto porque hay gente “con estrella” que termina siempre teniendo las mejores fechas y otros que nacieron “estrellados”, a los que nunca la fortuna les sonríe. Así que el azar no se puede permitir para la distribución de las vacaciones por razones de coherencia.

Desde mi punto de vista, la mejor solución es el sentido común. "Debería primar la flexibilidad a la hora de disfrutar de las vacaciones. Es decir, para llegar a un consenso es necesario que todo el mundo ponga de su parte".

Estos criterios de adjudicación, en caso de coincidencia de fechas entre trabajadores, no son justos. Cualquier medida de discriminación, negativa o positiva, hacia ciertos grupos de trabajadores es negativo porque ¿qué pasa con las personas que están fuera de esos grupos?

Si lo vemos según la ley de conciliación las personas que no tengan cargas familiares, las personas con menor antigüedad en la empresa o en la categoría nunca van a poder elegir y tendrán que quedarse con las fechas que nadie quiere. Hay que conciliar para todos los grupos de trabajadores y no solo para unos pocos. Todos tienen derecho a elegir las fechas que más les convengan, sin perjudicar demasiado al resto.

Es cierto que es complicado y que muchas veces nos encontramos con verdaderos rompecabezas y para casar todas las piezas hay que buscar alternativas consensuadas.

En las organizaciones que hay coincidencia de fechas en temporada estival y otras épocas conflictivas donde hay mayor prestación de servicio para estas fechas se distribuyen los turnos de vacaciones de forma equitativa por temporadas, es decir, el que tiene predilección por cogerse el verano en otras temporadas del año como semana santa o navidad tiene que acogerse a lo que quede porque él ya eligió en otra ocasión. Posteriormente estos turnos van rotando anualmente y es la mejor forma de ser equitativos entre todos los grupos de empleados.

De todas formas, se ha producido un cambio en los períodos vacacionales a solicitar por los trabajadores de nuestro país. Hace unos años, el mes de agosto las grandes urbes se convertían en ciudades fantasmas; ahora ya no. En la actualidad, cada vez más, se disfrutan de vacaciones a lo largo de todo el año y cada año, más trabajadores disfrutan sus vacaciones en fechas de temporada baja, en meses fuera del período estival, siempre que coincidan con su círculo cercano. Su bolsillo lo va a notar porque los viajes, en estas épocas del año, son mucho más económicos, encontrando verdaderos chollos.

Dentro de cada departamento no deberían coincidir a la vez todos sus miembros aunque no sea un departamento de atención al cliente o al usuario, porque siempre tiene que haber alguien que pueda hacerse cargo de alguna emergencia. Todos tendremos que ser buenos compañeros y antes de cerrar las fechas de ningún viaje, lo tendremos que consultar y consensuar con ellos. Unas veces tendremos que ceder nosotros y otras, ellos. Con la colaboración de todos, no habrá ningún problema y todos podremos disfrutar las fechas buscadas para coincidir con nuestro círculo más cercano.

Muchas organizaciones permiten, por ello, a sus trabajadores disfrutar de las vacaciones a lo largo de todo el año, es decir, sin establecer, de modo obligatorio el tener que disfrutar de una fracción de días en verano o invierno. Esto va a generar muchos menos conflictos a la hora de hacer la distribución. Todavía, los meses de verano, siguen siendo los preferidos por la mayoría de los trabajadores aunque cada año más, va a ir variando.

Las empresas de sectores industriales suelen parar su actividad en el mes de julio o agosto, por lo que determinan que sus trabajadores disfrutarán de sus vacaciones durante el mes de cierre de la fabrica. Aquí no hay conflicto posible.

También va a depender mucho de cada sector empresarial y de cada empresa concreta porque cada organización es un mundo a parte.

La regulación general de las vacaciones se encuentra en el artículo 38 del Estatuto de los trabajadores que establece un período mínimo de 30 días naturales de vacaciones para cada trabajador por año completo de servicio. Esto es lo mínimo, por lo tanto, luego los convenios colectivos de cada sector u organización, pueden contemplar mejoras al respecto, como lo suelen hacer.

Es muy habitual que los convenios establezcan el cómputo global en día hábiles ya que, de esta forma, no se consideran días de vacaciones los fines de semana ni los festivos que pillen entre medio de las solicitudes de vacaciones, es decir, solamente cuentan días efectivos de trabajo. Debéis conocer lo que establece vuestro convenio colectivo sobre la política de vacaciones para estar informados y evitar sorpresas.

También el artículo 38 Estatuto de los trabajadores establece que, las vacaciones habrán de decidirse de forma consensuada entre las dos partes implicadas (trabajador y empresario) de conformidad a lo establecido en el correspondiente convenio colectivo sobre distribución de las vacaciones. Por lo tanto, el trabajador podrá elegir, al menos, la mitad de sus vacaciones y el empresario podrá determinar la otra mitad. Aunque, desgraciadamente, no siempre suele respetarse.

Si no se llega a un acuerdo para decidir las vacaciones, los trabajadores disponen de 20 días para reclamar los servicios de la Inspección de Trabajo. En caso de desacuerdo absoluto entre las partes, la jurisdicción competente fijará las fechas concedidas para el disfrute de las vacaciones siendo su decisión irrecurrible por ambas partes.

Se dice que hablando se entiende la gente, por lo tanto, el dialogo es la mejor opción antes de llegar a medidas tan drásticas. Poniendo todos los implicados de su parte, se conseguirá llegar a un acuerdo que beneficie a todos.

Refunfuñando no solucionaremos nada. Así que, dejemos el egoísmo a un lado y pensemos más en todos. El mundo no gira solo a nuestro alrededor y a parte de nosotros también existen más personas que tienen el mismo derecho a elegir que nosotros.