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viernes, 4 de septiembre de 2009

ÉRASE UNA VEZ, LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

El verano va llegando a su fin. La gran mayoría de las personas habrán disfrutado de sus vacaciones ya, pero no todos. Los hábitos vacacionales de los españoles van cambiando y ya se disfrutan de las vacaciones a lo largo de todo el año ,por lo que ese concepto de “grandes capitales vacías en agosto” va alejándose, poco a poco, de la realidad.

Por estas fechas, es muy típico que se hable del síndrome postvacacional. Dicen sufrirlo 1 de cada 3 españoles. Personalmente creo que se exagera y que ni de asomo puede compararse con una depresión, a no ser que el tema venga ya de atrás por circunstancias acumuladas.

Soy de la opinión que es algo mental, magnificado por las personas que dicen sufrirlo porque realmente no deben tener una cosa mejor que hacer ni a la que dar vueltas. Indudablemente, siempre se está mejor de relax y desconectado del trabajo que no dentro de la rutina laboral. También esto suele pasar cuando el fin de semana llega a su fin y nos entra una pereza enorme de que llegue el lunes y el trabajo que conlleva. Además, cuanto menos hace uno en sus vacaciones más esfuerzo cuesta volver.

Posiblemente, muchas personas tienen problemas en sus trabajos por diversas circunstancias y les da “pampurrias” ir a trabajar, no solo los lunes, sino también los martes y todos los días sucesivos de las semanas. Cuando os ocurra esto, tendréis que plantaros e intentar cambiar la situación, tomando cartas en el asunto.

Esto es como la vuelta al colé; los niños, el primer día, lloran y después, tras reencontrarse con sus amigos y profesores, vuelven a cambiar el chip. El trabajo es igual porque uno vuelve y coincide con compañeros que hace semanas que no veía y se ponen al día, después vuelve a retomar temas laborales pendientes y nuevos que le motivan en mayor o menor medida, etc. También es cierto que cada persona se queja de lo que le ocurre a él, sin embargo, en estos días que vivimos, mejor es tener trabajo que no.

Estar de vacaciones eternas se nos haría inaguantable porque no podríamos disfrutar de ellas con nuestro círculo más cercano, puesto que ellos tendrían obligaciones que atender y las vacaciones se tornarían rutina. Lo bueno de las vacaciones es que siempre nos sacan de lo que hacemos todos los días.

Las vacaciones prolongadas son un sueño utópico. Aquellos que este año ya lo empezaron en paro, supone que tienen que matar el tiempo como pueden para no volverse locos, dándole vueltas a la cabeza de qué hacer y hacia donde enfocarse porque por mucho que se dediquen en cuerpo y alma a buscar trabajo, tienen todo el día para pensar.

Así que hay que ser maduros y saber controlar esos sentimientos. Cuando se aproxime la fecha de vuelta a la rutina laboral es recomendable comenzar un par de días antes a amoldarse de nuevo a esa vida y hacerse a la idea para que la vuelta sea lo menos dura posible, que dependerá de cómo lo queráis afrontar cada uno de vosotros.

Me parece increíble que muchas personas tengan que acudir a terapia por este tipo de patologías a las que se le da bombo y platillo, que hace que la gente se apunte a “la moda” de tener síndrome postvacacional porque es “cool” y “todos mis amigos están deprimidos por volver a trabajar”. Y así, de paso, muchos, si pueden, se escaquean un par de días del trabajo con el cuento este.

martes, 1 de septiembre de 2009

SUPUESTO PRÁCTICO: QUE GUAY ES MI PRESIDENTE

En una empresa se celebra la reunión trimestral de las diversas delegaciones nacionales de una compañía que tiene su sede central en Logroño. Este tipo de reuniones duran un par de días.

Uno de los dos días comen todos en un lujoso hotel de la ciudad en el que han preparado un menú para todos los asistentes a petición de la dirección de la compañía. Les han reservado un ala del comedor para que nadie les moleste. En este hotel no se puede fumar en el comedor y lo indica por todos los lados.

Todos se sientan en la misma mesa alargada en plan boda en la que es imposible poder hablar con el que está en la otra punta de la mesa. La comida va transcurriendo con la algarabía propia, unos hablando del tiempo, otros cuchicheando, otros pasando el rato como pueden y los pocos que quedan saliendo a fumar a la calle entre plato y plato. Además, el servicio es un poco lento, algo que facilita las pausas.

Llegado el momento del café en el restaurante, el presidente de la compañía saca un enorme puro que no duda en encenderse en el comedor, como hace en todos los sitios. Amablemente un camarero le indica que está prohibido fumar y que deberá salir a la calle para poder fumar, el presidente le contesta de forma cortante que el va a seguir fumando y que como siga insistiendo llamará a su encargado para pedirle explicaciones de lo mala que estaba la carne que ha comido. Tras esto el camarero desapareció y no volvió por esa mesa. Mientras pasaba esto se hizo el silencio en la mesa y todos los asistentes menos un par que estaban avergonzados le rieron la gracia al presidente, alguno hasta con aplausos incluidos. Por supuesto, nadie comentó nada de la situación y quedó como anécdota graciosa de ¡que guay es mi presidente!

Las preguntas que quiero que respondáis son:

1.-
¿Qué ocurre aquí?
2.-
¿Cómo hubieseis reaccionado vosotros si fueseis el camarero?
3.-
¿Qué os parece la reacción de los compañeros?
4.-
¿Cómo es este tipo de responsable? y ¿Cómo podemos cambiar sus hábitos?

Cuando respondáis todos yo daré mi opinión al respecto. Un tema inventado pero que no está tan lejos de la realidad.

viernes, 24 de abril de 2009

TRABAJADORES TÓXICOS

Cada vez se aprecia más lo que cada trabajador aporta a las compañías en cómputos globales para determinar su verdadero valor en comparación con el resto de compañeros. O lo que es lo mismo, se busca el valor añadido que aportáis cada uno.

Es consabido que para producir a pleno rendimiento, influye mucho el ambiente de trabajo existente a la hora de desempeñar el trabajo. Porque el encontrarse a gusto con la empresa, con los compañeros y responsable es vital para desarrollarse plenamente a nivel laboral ayudando a dar lo máximo de uno mismo.

Sin embargo, hay muchas compañías en nuestro país que prestan escasa atención al ambiente que se respira en el interior porque piensan que es algo intrascendente, porque no se paran a pensarlo objetivamente. El máximo potencial de las empresas son sus trabajadores y el que estén a gusto debería ser prioritario para ellas, ya que influye directamente en su rendimiento y motivaciones.

Muchas veces hablamos de los jefes inadecuados que crean problemas, sin embargo, también hay muchos trabajadores problemáticos o conflictivos que hacen la vida imposible a todos los de su entorno laboral cercano y hasta lejano si se les da la oportunidad.

Son trabajadores que tienen como meta ir al trabajo a trabajar relajadamente o aparentar que trabajan y como fin primordial fastidiar al prójimo todo lo que se pueda. Son personas que están reñidos con todo el mundo porque ellos son diferentes al resto.

De cara a sus compañeros y responsables, dicen a todo que sí de buena gana para aparentar y después hacen lo que quieren porque van por libre, sin hacerse cargo de nada ni de nadie, independientemente de las consecuencias que esto pueda conllevar a la compañía. También se dan los casos, que estos trabajadores dirán a todo que no porque les encanta entrar en confrontación para desquiciar a todos sus compañeros.

Estas personas suelen tener un responsable adecuado y unos compañeros excelentes que intentan de todo para mejorar la relación pero sin éxito porque el problema está en el trabajador tóxico que nada le va bien. Por supuesto, esto termina por enrarecer el ambiente del equipo y desquiciar a sus jefes. Estos trabajadores van con actitud prepotente y chula, riéndose del resto; eso sí, lo hacen de forma inteligente e irónica para guardar las apariencias. De la misma forma, se “escaquean” de trabajar, buscando cualquier excusa mientras el resto de sus compañeros no paran de “currar” teniendo que asumir, además, las funciones del “tóxico”. Da igual lo que se intente; nada funciona porque le importa tres pepinos, dicho vulgarmente y buscan el punto de ebullición de todo el mundo hasta encontrárselo.

Al final la situación se vuelve insostenible, creándose tensiones entre todos los miembros del equipo por su culpa. Es más, algún compañero, a la mínima oportunidad, pedirá un cambio de departamento para no tenerlo al lado o según lo apremiante de la situación, se irán a otra empresa por no aguantar esa tensión diaria no solucionada.

La empresa tiene que preguntarse ¿Hasta cuándo aguantar esta situación? ¿Cómo reconducir a este tipo de trabajadores?

Lógicamente, la empresa no debe tolerar a este tipo de trabajadores conflictivos que van generando problemas allí por donde pasan y con quien tratan. El problema surge cuando estos tienen talento y valor en su campo, aportando un trabajo eficiente cuando se centra en ello.

Sinceramente, creo que la respuesta no es fácil, pero considero que no hay que sacrificar el bienestar y el futuro del resto de trabajadores por un par de trabajadores de este tipo, independientemente de que sean unos eruditos en su área. Son imposibles de reconducir si ellos no están dispuestos a hacerlo asumiendo que lo suyo no es normal y que necesitan de ayuda severa para hacerles ver cuál es la conducta correcta y darle herramientas para solucionar por si mismos los males causados a su compañía y compañeros.

Fallaron muchas cosas para permitir seleccionar a este tipo de individuos y por no detectar esto en el período de integración al puesto de trabajo. Es imposible poder descubrirlo siempre porque algunos de estos trabajadores tienen una doble cara, interpretando muy bien su papel. Siempre vamos a tener que conseguir la convivencia entre trabajadores de todo tipo; la mayoría son adaptables y muy pocos son radicales en algún aspecto.

Pienso que el valor del grupo y del trabajo en equipo tienen que estar por encima de lo que pueda valer una persona que sea extremadamente conflictiva porque las empresas llegan ha ser lo que son por la totalidad de sus miembros y no por unos pocos, a pesar de que puedan aportar más.

Contra este tipo de personas “tóxicas” hay que actuar rápidamente. No hay que ponerse a su altura; simplemente, tras buscar alternativas que no funcionan por su actitud y comportamiento, lo mejor es proceder a deshacerse de este tipo de personajes que, con el tiempo, será un beneficio para la empresa. Sino conseguiréis que muchos trabajadores competentes de vuestra empresa se vayan frustrados por este tipo de personas que, consciente o inconscientemente, estáis tolerando.

También añadir que no hay que confundir trabajador extravagante con tóxico porque los primeros son especiales pero reconducibles con un seguimiento personalizado por la compañía.

Post dedicado a todos aquellos que tocan las narices al resto.

viernes, 20 de marzo de 2009

VOLVER A LA EMPRESA ¿BUENO O MALO?

Hace ya unos días hice un post sobre si segundas partes son buenas tanto para los trabajadores como para las compañías. Hubo opiniones para todos los gustos, como tiene que ser.

A propuesta de
Facility Manager, nos hemos propuesto unos cuantos bloggeros dar nuestra opinión sobre la actitud de los trabajadores cuando deciden volver a un trabajo donde ya trabajaron en el pasado.

Hay que partir de la premisa de que las circunstancias de cada persona también están en constante evolución. Esto significa que cuando uno decide volver a una compañía tras un paréntesis, sus circunstancias serán diferentes y dará prioridad a otras cosas que antes no y al revés.

Las personas evolucionan, por lo que cambian su forma de pensar, actuar y trabajar. Esto hace que estemos ante un nuevo profesional para esa organización que vuelve a recibirle en comparación a la imagen que se tenía de él. Lo que está claro es que tendrá que demostrar que ha cambiado con hechos y será entonces cuando la compañía pueda juzgar si han sido para bien o para mal.

El trabajador que comienza a trabajar en una compañía que ya conoce de épocas anteriores tiene que partir de cero y olvidar todo lo que vivió, consiguió y padeció en aquel momento para que este comienzo sea fructífero para ambas partes. Lógicamente, esa experiencia le habrá ayudado a aprender como profesional y tiene que haberlo asimilado.

Por lo tanto, la actitud del trabajador que se fue y que ahora vuelve tiene que ser radicalmente distinta a la que tenía cuando se fue de esa compañía. Cuando uno decide abandonar una compañía es porque algo no funciona o no le cuadra de cara a verse indefinidamente trabajando ahí. Ahora, al volver, desconoce si, como él, la empresa ha cambiado, a pesar de que le hayan podido informar de palabra. A veces las personas necesitamos que pase el tiempo para ver las situaciones y las cosa desde otra perspectiva.

Como ya he dicho, la empresa también habrá cambiado lo que hará que este trabajador llegado de nuevo deba dar un margen para conocer los avances, cambios, conocer a las nuevas personas, etc. Quizás las cosas funcionen de otra forma o no, sin embargo, él tendrá que encajar ahí como cualquier nuevo trabajador.

La mente de la gente es complicada. Hay diversas razones por las que un trabajador puede volver.

Puede deberse a que, una vez experimentado el mundo exterior, se dio cuenta que lo que el creía que era tan malo no lo era en realidad porque lo veía desde una perspectiva parcial.

Si ese trabajador vuelve con la misma actitud con la que se fue, durará muy poco porque pretenderá que la compañía se adapte a él. Si vuelve para cerrar heridas, lo más normal es que se ahonden más porque si no lo habéis olvidado es que no lo habéis superado y quizás busquéis venganza. Actitud nefasta para todos. Trabajador y empresa.

También esta persona, tras haber experimentado en otras compañías y trabajos, habrá aprendido a tratar los temas de otra forma y hacer las cosas distintas, que le ayudará a tener más herramientas, aplicándolas a la forma de trabajar actual de la empresa a la que acaba de volver.

Esta persona verá también como las personas que estaban en la compañía cuando él se fue han evolucionado y rotado de puesto y quizás algunos ya no sean los que él conoció. Es una empresa totalmente distinta a la que conoció, a pesar de algunas cosas sean iguales por la filosofía de la empresa, los actores son otros o han cambiado.

Pero también puede darse el caso de que las cosas y las personas prácticamente no hayan cambiado y esta persona, al volver con otra visión, consiga encajar de forma diferente. Igualmente, hará mucho la actitud de la empresa y de las otras personas que ya conocían a este trabajador.

Por supuesto, no es malo que los trabajadores experimenten para aprender cambiando de compañía; la mentalidad del trabajo para toda la vida ha cambiado, como ya lo ha hecho en muchos países vecinos. Cada persona tiene unas expectativas, una forma de actuar, un aguante y una forma de ver las cosas totalmente distintas, es decir, lo que uno ve negro puede ser que otro trabajador en las mismas circunstancias lo vea blanco.

El hecho de que una persona haya variado cada cierto tiempo de compañía no hay que verlo como algo negativo; dependerá de las circunstancias o motivos que generaron los cambios. De la misma forma, el hecho de un trabajador lleve muchos años en una compañía, a priori, no debe ser significativo de algo positivo.

No olvidemos que aquellas compañías que tengan una rotación por encima de la media, será debido a algo. Igualmente, mucha gente esta descontenta pero acomodada a sus trabajos, tienen pereza de buscar, de cambiar… porque ya tienen su rutina y ¿Creéis que estos trabajadores disfrutan con su trabajo? ¿Son buenos para la empresa? Los puntos de vista serán variados y perfectamente válidos.

Pero la vuelta de un viejo trabajador no le influye a él solo. También las personas que conforman esa compañía tendrán mucho que decir y habrá que ver cómo aceptan ellos su regreso.

De todas formas también creo firmemente que cuando un trabajador decide volver a una empresa donde ya trabajó, el principal cambio tiene que producirse en él y hará que, de esta forma, vea a la empresa con otros ojos, a pesar de que la situación pueda seguir igual. Se trata de equilibrar la balanza y de ver si lo positivo compensa a lo negativo. También debemos partir del hecho de que todas empresas tienen cosas buenas y otras mejorables. Depende de si, de forma global, reúne lo que uno considera más cercana a sus necesidades para sentirse bien.

El momento en el que uno vuelve a una compañía, es también muy significativo de cara a comprobar qué motiva ese regreso. Por ejemplo, cuando la necesidad aprieta, “cualquier empresa es buena” ya que a muchas personas les dará un trabajo y unos ingresos que necesitan.

La mentalidad y la forma de tomarse las cosas también harán mucho de cara a ver las situaciones que se viven en el trabajo. Dando por hecho que determinadas cosas y actitudes son injustificables.

El que os compense o no el volver depende de cada uno porque cada persona tenemos una forma diferente de pensar. Está claro que cuando uno vuelve, tiene que hacerlo con otro talante o se va a caer con todo el equipo, con razón o sin ella.

¿Qué opinas? ¿Volverías a alguna de tus antiguas compañías?

domingo, 22 de febrero de 2009

¿A QUIÉNES ELIJO?

Durante estos últimos días, se habla, se respira, se mastica, se sienten... mucho los despidos. Pero me sorprende que siempre se habla pero desde la perspectiva del trabajador que, sin duda, es la parte más indefensa y la que más sufre las consecuencias de la crisis.

Sin embargo, hoy quiero centrarme en analizar a la otra parte, es decir al empresario o directivo que tiene que tomar la decisión de efectuar los despidos. Lógicamente, para muchos trabajadores, son “los malos de la película”. Pero tampoco estaría, de vez en cuando, mal ponerse en su lugar para ver el “papelón” que les toca, a pesar de que cueste creerlo.

Aunque hay de todo, algunos empresarios o directivos sin grandes miras por la empresa, ven a sus trabajadores como meros números; afortunadamente, son los menos. Hay que tener presente que los empresarios y directivos también son personas, con sus sentimientos.

Los que gestionan sus organizaciones de forma responsable y organizada, intentan por todos los medios no tener que despedir a ninguno de sus trabajadores, sin embargo, si los resultados y ventas no acompañan, no se podrá resistir indefinidamente. Si pasan los meses y las cosas no mejoran, deberán reducir costes, incluidos los de personal, por muchos que les duela. Lógicamente, la mejor opción, si es posible, son los expedientes de regulación de empleo con suspensión del puesto trabajo por un plazo determinado; es un mal menor en comparación con la extinción del puesto de trabajo para los empleados.

Muchos de estos empresarios y directivos lo pasan mal y les quita el sueño tener que tomar la difícil decisión de despedir personal. Porque se le plantea el dilema de ¿A quiénes elijo? Por mucho que piensen con la mentalidad de empresario o director, analizando qué empleados aportan menos o son más prescindibles, siempre les influye el factor humano. Muchos de ellos son amigos, conocidos conscientes de sus situaciones personales y familiares y no quieren sentirse culpables. Pero está claro que hay veces en las que no queda más remedio, para garantizar la subsistencia de la empresa y poder mantener el mayor número de puestos de trabajo.

Muchas veces los empresarios y directivos a la hora de tener que ejecutar despidos “pierden el norte” y no tratan a aquellos que hasta la fecha han trabajado duro para hacer que la empresa saliera adelante, de la forma que se merecen.

Por ello, es importante comunicar a los afectados por los despidos adecuadamente sobre qué decisiones se van a llevar a cabo e informar esa situación lo antes posible para no alargar la agonía y el sufrimiento, apoyándoles y asistiéndoles en todo lo posible para que sientan el apoyo. Tampoco hay que equivocarse y tratarlos “con pena” sino como personas. Esto se hace muy mal en algunas empresas, que suele traducir en reproches por parte de los trabajadores despedidos, provocados por la falta de transparencia y el no dar la cara en su momento.

Los empresarios y directivos tienen que cambiar esto para contar con la comprensión y apoyo de los trabajadores despedidos, haciéndoles saber que en cuanto mejore la situación, tendrán la puerta abierta; la decisión está forzada por la supervivencia. Hay veces que unos pocos empresarios abusan de la coyuntura y se quitan el lastre de trabajadores por motivos que nada tienen que ver con esto, que no deja de ser una actitud poco profesional.

Esta deshumanización de los que despiden suele ocurrir más en la empresa grande porque se tiende cada vez más a la impersonalidad porque hay muchas jerarquías y se pierde el trato cercano que debería de imperar.

En las PYMES, normalmente es otra cosa y los trabajadores afectados por los despidos tienen en su gran mayoría la percepción y seguridad de que el empresario hizo todo lo que estuvo en su mano por ayudarles para que no perdiesen sus trabajos.


Antes de tener que llegar a los despidos, planteo unas preguntas para que las respondáis con objetividad y humildad. ¿Cómo os gustaría que os tratasen en estas situaciones si fueseis trabajadores? ¿Qué responsabilidad tenéis en la mala fama entre los trabajadores despedidos y los que se quedan? ¿Habéis hecho el proceso adecuadamente?

Está claro que es vuestro trabajo y que por mucha pena que os dé, debéis desconectar y quedaros tranquilos con vosotros mismos cuando no haya habido más alternativas para garantizar la supervivencia y actuasteis de forma adecuada. De esta forma, vuestra conciencia se quedará tranquila. Algunos trabajadores inicialmente no lo encajarán bien y puede que, durante un tiempo, tengan mala imagen vuestra; hay que ponerse en su situación y entenderlos. A nadie le gusta ser despedido. Sin embargo, con el paso del tiempo verán las cosas de otra forma, si hicisteis bien vuestro papel. Porque no olvidéis que hacer mal este tipo de acciones os pasará factura cuando menos lo esperéis.

lunes, 16 de febrero de 2009

SEGUNDAS PARTES ¿NUNCA FUERON BUENAS?

Siempre se recomienda dejar las puertas abiertas en todas las compañías de las que uno sale por lo que pueda pasar, porque nunca se sabe donde volverá a acabar uno a nivel profesional. Si que es cierto que esto a veces es imposible porque, por mucho interés que pongáis vosotros, también lo tienen que poner las empresas.

De todas formas, siempre he pensado que esto tenía algo de hipocresía. Todo es de cara a la galería porque, a la hora de la verdad, muchas empresas no quieren que los trabajadores que se fueron de ellas vuelvan porque piensan que si ya lo hicieron una vez, ¿No lo volverán a hacer?

Por otro lado, los trabajadores que han abandonado la empresa por su propio pie o bien, tendrán que estar muy necesitados para volver a llamar a esa puerta o, por el contrario, las razones que les motivaron a irse deberán de haber cambiado para replantearse volver seriamente. Lógicamente, aquellos trabajadores “invitados” a abandonar la empresa, creo que raramente, volverán a tener futuro en esa empresa, a no ser que haya razones extremas que hayan llevado a la empresa a tomar esa decisión (expediente de empleo…).

Pero a veces no es el candidato el que acude a la empresa, sino ésta a él. En este caso, la parte tanteada va a tener el poder de la negociación si sabe hacerlo de forma adecuada.

Lo primero que debéis preguntaros si alguna de vuestras anteriores empresas os intentan reclutar de nuevo, es ¿Qué os impulso a abandonar esa empresa? Y luego continuar con esta ¿Han cambiado las cosas que os animaron a iros?

La decisión de volver dependerá mucho de aquellos motivos; si por ejemplo fueron razones exclusivamente económicas, tiene fácil solución. Es decir, si os ofrecen la cantidad económica deseada tenéis camino libre, aunque antes de dar un sí precipitado, debéis analizar ¿Por qué ahora os lo ofrecen y no cuando dijisteis que os ibais? Si os consideraban un trabajador valioso, habrían intentado reteneros por todos los medios y quizás ahora les interese que volváis porque vuestro rol va a ser otro. Así que investigad todo para no llevaros sorpresas.

Si por el contrario, los motivos que os impulsaron a iros fueron motivos organizacionales, de gestión o incompatibilidad de caracteres con algún mando directo o superior, debéis pensároslo dos veces porque hay cosas que nunca cambian, por mucho que os lo quieran vender así. A veces, esa persona con la que había confrontación ya no está. Es decir, si por ejemplo, el motivo por el que os fuisteis fue vuestro superior jerárquico y éste continua en la organización, lo tendréis complicado, independientemente de que dependáis o no de él. ¿Quién os dice que no va a haber confrontación?

Antes de volver a la compañía, debéis ser claros y plantear el tema abiertamente preguntando claramente si lo que os preocupa ha cambiado. Y en función de lo que os digan, podréis actuar en consecuencia porque partís con la ventaja de que ya conocéis a esa organización y sus personas. Además, siempre tendréis aun conocidos en ella que os podrán poner al día respecto a si determinadas cosas han cambiado o no. Lógicamente, la decisión final también dependerá de cual sea vuestra situación a nivel laboral.

Si por el contrario algún trabajador que se fue de vuestra organización llama de nuevo para pediros trabajo, antes de dejarle vía libre, debéis plantearos: ¿Por qué vuelve a tener interés ese trabajador en vuestra empresa? Luego continuar analizando ¿Qué motivó que se fuera? Y por último ¿Qué valor aportaba a vuestra compañía?

Por supuesto, va a depender mucho también vuestra decisión de las necesidades de personal que tengáis en vuestras filas. No se va a prescindir de otro trabajador por volver a recolocar a un profesional que ya os dejó en una ocasión. En el hipotético caso de que tuvieseis alguna vacante que encajase con su perfil, debéis hilar fino y hablar largo y tendido con él para ver los motivos reales que le hacen querer volver a vuestra compañía y evitar que os pueda dejar de nuevo en la estacada, aunque eso es imposible de saber a ciencia cierta, así que os tendréis que guiar por el conocimiento que ya tenéis de ese trabajador. Si no os quedan claras sus razones de cambio de opinión, debéis preguntaros si merece la pena arriesgaros. Porque la actitud que tenga es vital para poder apostar de nuevo por él o no.

También se tendrá en cuenta el rendimiento que aportaba al conjunto de la compañía. Si era realmente bueno igual deberíais ser egoístas y mirar por la empresa para sacarle a partir de ahora el máximo partido, planteándoos las cosas con él de otra forma para evitar que vuelva a irse. Por ejemplo, se le pueden dar más responsabilidades y concesiones para que pueda sentirse completo en vuestra empresa.

Las razones por las que se fue (o prescindisteis de él) son clave. Habrá que tener presente que la gente no cambia de la noche a la mañana aunque pongan mucho de su parte. Imaginaros que prescindisteis de un trabajador porque se “escaqueaba” constantemente de sus tareas, a pesar de tener buen perfil; el volver a contar con él, puede ser un error porque ese tipo de cosas no varían y os traerá a la larga más problemas que beneficios.

A la hora de negociar, si se os tantea para entrar a trabajar en la organización, siempre podréis presionar más. Eso sí, habrá que jugar bien las cartas, sin pasarse, si es que tenéis un interés real. A veces se dan casos que las negociaciones son simplemente para sacar información porque en realidad tienen claro que no les interesa. En caso de ocurrir esto lo mejor es ser claro para no crear falsas esperanzas a la otra parte.

Si son los trabajadores los que os llaman a las empresas, tenéis más ventaja que al contrario porque el trabajador es conocedor de su posición inferior y que tendrá que avenirse a vuestras condiciones. De todas formas tengo que comentar que tampoco es adecuado abusar de la posición dominante que se pueda tener porque, ante todo, hay que ser justo.

Ambas partes tiene que ser conscientes de que si se les presenta esta situación, tendrán que actuar de una forma adecuada. Aunque parezca mentira, esto pasa más de lo que os pensáis porque así funciona la ley de la oferta y la demanda.
A veces uno no sabe valorar lo que tiene hasta que lo pierde o lo deja perder.