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martes, 13 de octubre de 2009

INTERPRETAR EL PAPEL DE LA PERFECCIÓN

Como ya he comentado en alguna otra ocasión, la selección de personal se está transformando en un espectáculo digno de ser retransmitido en alguna cadena de televisión en plan reality.

La selección de personal, ahora mismo consiste en muchas ocasiones en interpretar el papel de la perfección, intentando descubrir quiénes mienten más, las empresas o los candidatos. Dentro de poco, cada parte va a tener que llevar preparada su particular máquina de la verdad o polígrafo. De utilizarlo, nos daríamos cuenta que en más de una ocasión, de que ambas partes interpretan una farsa que, a pesar de poder estar bien hilada, no tiene nada de realidad.

No olvidemos que no existe ni el candidato, ni la empresa perfecta. Todos estamos en constante evolución y siempre hay algo que es posible mejorar; otra cosa es que no nos apetezca o interese.

Nuestra sociedad, en vez de mejorar, empeora. Ahora mismo, cuando estamos pasando momentos complicados, en vez de ayudarnos unas partes a otras en la selección, la parte dominante intenta abusar y sacar el máximo partido posible, siendo algo reprochable.

Me llaman la atención determinados manuales de autoayuda para encontrar trabajo, elaborados por supuestos expertos que dan consejos un tanto debatibles. Como por ejemplo, asearse adecuadamente el día de la entrevista; ¿Qué pasa los días de la semana que uno no tiene entrevistas? O dormir al menos 8 horas para acudir frescos y tener éxito en la entrevista. Aunque no deje de ser cierto que un descanso de 8 horas es favorable, me resulta hasta insultante que sean parte del elenco de consejos que le permitirán a uno conseguir trabajo. Cada persona, además, es un mundo a parte, por lo que cada organismo necesita más o menos horas de sueño en función de sus necesidades. El problema es que este tipo de consejos no son controlables por nadie a la hora de ponerles límite.

Esto quiere decir que muchos candidatos se los creen y los siguen a rajatabla, pensando que les dará el éxito. Antes de seguir algún consejo de este tipo, tenéis que usar vuestro sentido común y plantearos la pregunta siguiente: ¿De qué forma os ayudará cada consejo en la entrevistas de trabajo?

También hay quienes afirman que la preparación de la entrevista os asegura el éxito. Obviamente, soy defensor de la preparación de las entrevistas porque os ayudarán a conocer vuestra trayectoria y poderla contar sin dudar. Igualmente, os ayudará a adquirir mayor experiencia en este tipo de cosas, dándoos seguridad en vosotros mismos. Sin embargo, de nada os sirve llevar estudiadas las preguntas tipo que se suelen hacer en una entrevista de trabajo con las respuestas más adecuadas aconsejadas. Porque ¿qué es una respuesta adecuada? Desgraciadamente, no existe LA ÚNICA respuesta correcta para ninguna pregunta de entrevista de trabajo. Hay multitud de respuestas adecuadas. Debéis saber cómo plantear vuestra respuesta porque las cosas se pueden contar de muchas formas.

Hay que tener presente que los seleccionadores no son robots programados que no tienen sentimientos y que actúan todos por igual. Cada seleccionador tiene una forma de interpretar las cosas en función de su forma de ser y de la organización a la que represente que hará que valoren más unas cosas que otras. En una entrevista de trabajo, ambas partes actúan como consumidores y representan un producto que puede encajarle o no a la otra parte pero, ante todo, no debéis dejar que les pase inadvertido. A pesar de que seáis un producto novedoso, nunca les vais a gustar a todo el mundo porque cada uno de vosotros tenéis unos gustos y unas necesidades. Es cuestión de que cada parte sepáis responder adecuadamente a la siguiente pregunta ¿Cuáles son las necesidades de la otra parte? El saber responder adecuadamente a esto hará que tengáis bastante éxito porque os sabréis amoldar a cualquier tipo de interlocutor representado por la parte contraria.

Por supuesto, en las entrevistas la parte en desventaja es el candidato porque no se afronta a un intercambio de información espontánea. Los entrevistadores siempre están en su territorio, que les da una seguridad y valor de pertenencia añadido que les hace partir con ventaja. Estos estarán muy relajados al ser omniscientes. Por el contrario, los candidatos se adentran en un terreno desconocido que les hará partir con mayor ansiedad y miedo a lo que se van a encontrar.

Por lo tanto, cada entrevista de trabajo es diferente porque cada entrevistador tiene una forma de preguntar e interpretar nuestras respuestas, independientemente de los entrevistadores. Debéis de actuar de forma espontánea siendo vosotros mismos.

Para comenzar, lo mejor que podéis hacer ambas partes es ser honestas, sin maquillar vuestras versiones. Lógicamente, cada una contareis lo que más os interese y otras cosas no las mencionareis, a no ser que os pregunten sobre ellas. Todos cometemos errores, tanto las personas como las empresas y la verdadera lección es que hayamos aprendido para que no haya una próxima ocasión.

Si se opta por mentir, tarde o temprano se descubrirá que no se ha contado la verdad. Inicialmente, es más fácil pillar a los candidatos que engañan en sus trayectorias. Sin embargo, las empresas que engañan también son ilusas porque cuando el candidato seleccionado se incorpore va a ver la realidad sabiendo en qué se le ha engañado, haciendo que sus expectativas se vean truncadas y que comience con mal pie. Las palabras se las lleva el viento para quien miente, sin embargo, a la otra parte no se le olvidan porque esas palabras muchas veces fueron las que motivaron optar por el candidato o por aceptar el trabajo.

Ambas partes deben saber escuchar y responder a lo que se os pregunta de forma clara. Muchas veces, os centráis en vuestro discurso, sin prestar atención a lo que os pregunta la otra parte. Es más, cuando respondéis, aconsejo mirar a la otra parte a los ojos para mostrar que tenéis interés.

Cuando se llama a un candidato para realizar una entrevista es porque encaja a priori, por lo que la entrevista ayudará a ratificarlo. Pero no se trata de un solo candidato. Normalmente, la entrevista contará con varios, por lo que será la entrevista lo que haga decidirse por uno u otro candidato. Los entrevistadores buscan un candidato y éste, busca trabajo. Pero ese interés mutuo se debe reflejar en la entrevista. Es más, sino lo tenéis, decidlo claro para no hacer perder el tiempo a la otra parte. Cuando uno va o está de relleno se nota a la legua.

Será esencial prestar atención a lo que se os pregunta, mostrando interés. Si ya mostráis desidia en la entrevista, ¿Cómo será vuestra empresa? O ¿Cómo seréis como trabajador? Estos detalles dicen mucho y demuestran como sois como personas que ocupáis un puesto en una organización que igual valora ese tipo de comportamientos o como seréis en caso de que os incorporen como trabajadores a una compañía. Porque las personas os acompañan en los puestos de trabajo a todos, seáis entrevistadores o candidatos.

Hay que saber percibir los detalles importantes que os puedan hacer ganar puntos en vuestro papel. Los candidatos debéis saber ver qué busca esa empresa para ese puesto y por qué lo busca. Esto os permitirá demostrarles con argumentos que vosotros lo tenéis. Por otro lado, las empresas necesitáis saber por qué el candidato tiene interés en vuestra compañía, además de indagar sobre las razones que alejan a los potenciales candidatos. Simplemente con analizar que se cumplen los requisitos no será suficiente para forjarse una idea.

Los candidatos debéis ser vosotros mismos, contando y demostrando los valores que aportaríais en caso de ser seleccionados, contar los logros que habéis alcanzado en vuestras trayectorias profesionales, como habéis afrontado las dificultades que han aparecido, como encajáis un fracaso, etc. Y no dar tanta importancia a vuestros títulos, nombres de empresas en las que habéis trabajado, etc. que, al fin y al cabo, no dicen cómo sois o cómo trabajáis.

Los entrevistadores de personal debéis de trasmitir a los candidatos cómo es la empresa a la que puede ser que se incorporen, indicándoles valores, tipo de personas con las que trabajarán, puntos fuertes y aspectos de mejora para que los candidatos conozcan lo que hay. Los seleccionadores se centran muchas veces sólo en aspectos no vitales: ¿Cuáles son los motivos por lo que los candidatos quieren cambiar de trabajo? O ¿Por qué fueron despedidos en su anterior trabajo? Mientras tanto, dejan de prestar importancia a qué son capaces de hacer y de qué forma, cuáles son sus valores de trabajo, su forma de actuar, etc.; porque esto os puede transmitir mucha información valiosa. La cuestión es que estéis seguros de que el candidato va a encajar con las necesidades que precisáis.

A este paso el futuro de la selección va ha ser la interactuación en el puesto de trabajo entre los candidatos que parecen cumplir el perfil y las empresas para que ambas comprueben, en vivo y en directo, cómo se comportan. Las empresas podrán comprobar qué son capaces en realidad de hacer los candidatos, mientras que los candidatos podrán averiguar cómo es en realidad el puesto y la empresa.

Para no llegar a estos extremos, se deben recuperar los valores de la honestidad, la profesionalidad, el saber estar, el trabajo en equipo, la ayuda al prójimo sin esperar nada a cambio, etc. Dejando a un lado la mentira, la falsedad, el egoísmo, el egocentrismo, el ponernos la zancadilla. Debemos aceptarnos unos a otros como somos ¿Qué nos lo impide?

martes, 18 de agosto de 2009

¿ES TODO EL MUNDO QUIEN DICE SER?

Constantemente, van surgiendo nuevas formulas y tendencias en el mundo del reclutamiento de personas con mayor o menor éxito. El sector no se queda ajeno a la tendencia actual, donde las modas influyen en qué técnicas selectivas se eligen.

De todas formas ¿de qué les sirve a las empresas y a las consultoras de recursos humanos estar a la última en selección si luego, en cosas obvias y necesarias, fallan estrepitosamente?

Este post quiere poner encima de la mesa la incoherencia de la selección en pequeños detalles que son los que cuentan.

En las entrevistas se hacen preguntas enrevesadas y polémicas para medir el temple de los candidatos. Igualmente, analizan concienzudamente su lenguaje corporal para “pillarles en renuncio” en función de las posibles interpretaciones (parciales y no categóricas sino se tienen en cuentan de forma rigurosa). Hay entrevistadores que interpretan a su manera el lenguaje corporal del candidato: si se rasca la nariz ya piensan que está mintiendo y no se plantean que quizás sea porque les pica y necesitan rascarse. No siempre ha de ser por mentir. Así que será necesario un poquito de rigor y coherencia.

¿Cuántos seleccionadores os piden copia de vuestros títulos académicos o de vuestra vida laboral? Por lo que yo sé, muy pocos por no decir raras excepciones, entonces ¿Cómo saben que no les mentís? Aquí no vale el instinto porque, más de una vez, uno se puede llevar desagradables sorpresas. En otros países europeos es lo más normal que en los procesos de selección tengan que llevar todos los candidatos copias de sus títulos.

No sería ni la primera ni la ultima ocasión en la que un candidato dice estar diplomado o licenciado en alguna materia pero estar mintiendo, no habiendo estudiado ni llevar idea de hacerlo. En muchos casos, se descubre una vez incorporado; suelen mostrar incoherencias en materias básicas que deberían saber si tuviesen la formación pertinente. O en algún caso esperpéntico se descubre tras unos años.

¿Quién es el responsable de esta mentira? Muchos son los que afirman rotundamente que el trabajador o candidato. Sin embargo, la empresa también es responsable directa por no haber verificado antes de que se incorporase o durante el desarrollo del proceso de selección, que efectivamente tenía esas titulaciones. El solicitarlas y ojearlas dejan a un lado todo tipo de suposiciones. Esto o se tiene o no se tiene. Determinadas cosas no se puedan dar por hechas ni basarnos en la buena fe porque es el deber de los seleccionadores comprobar que todo está en regla.

Con esto no quiero decir que ningún candidato sea de fiar o que todos mientan porque la gran mayoría son honestos. Sin embargo, siempre hay excepciones. Aunque no lo creamos, la gente miente más de lo que nos pensamos. Por ejemplo, según el 90% de los currículos de nuestro país el nivel de conocimiento del idioma inglés es medio/alto en teoría que, tras la comprobación, en muchos casos, se convierte en bajo/medio.
Si las empresas piden determinados requisitos, es su obligación verificarlos para quedarse tranquilos y poder centrarse en los aspectos competenciales de cada candidato.

Lo que pasa que nadie queda liberado de la sombra de la duda. Incluso las empresas tampoco hacen honor a la verdad en todos los casos y los candidatos tienen que fiarse de lo que se les dice y la situación es peor para ellos porque no pueden solicitarles nada que demuestre a ciencia cierta que no les engañan.

¿Cómo podemos solucionar esto? Cuéntanos tus experiencias...

lunes, 20 de abril de 2009

ESTO, COMO LO HE HECHO YO, ME LO LLEVO

¿Las personas se comportan tal y como son en sus trabajos? Sinceramente creo poder afirmar una respuesta rotundamente negativa. Muchas de ellas, a pesar de pasar muchas horas a su lado, podéis estar seguros de que no las conocéis tal y como son.

Muchas veces uno pone la mano en el fuego por determinadas personas, dándoles toda confianza en el entorno laboral sin que os hayan demostrado que son dignos de merecerla. Las cosas no hay que forzarlas ni acelerarlas, independientemente de las posiciones que ocupen; a mayor responsabilidad del puesto hay que ser aun más precavidos. Como decía un clásico del cine español, “To er mundo é güeno”, obviamente, hasta que no se demuestre lo contrario.

En los trabajos, muchas personas dan la cara que les interesa mostrar, sin dejar ver quienes son realmente; todo depende de las barreras que quiera poner cada uno. Habrá, pues, que tener cuidado e ir dando confianza conforme las personas de vuestro alrededor os vayan demostrando de verdad que son dignos de tenerla y eso no se consigue ni en una semana ni dos.

Pero la confianza no es simplemente entre personas. También las empresas tienen que tener cuidado. Por ejemplo, hace poco leía una noticia en un periódico que indicaba que estaba aumentado considerablemente el número de empleados que se llevaban información y material de mayor o menor importancia de sus empresas. A muchos les parecerá algo increíble pero os pregunto ¿podéis poner la mano en el fuego por todos vuestros trabajadores? En caso de que me respondáis un “sin dudarlo”, os lanzaría otra: ¿qué herramientas o mecanismo usáis para comprobarlo?

No es que sea un desconfiado pero aquí no va a valer el decir que se usa el instinto. Las apariencias engañan y pueden llevar a equívocos, siendo a veces las personas que menos se espera uno, las de mayor confianza, las que nos traicionen. En las empresas hay que controlar y tener sistemas de detección de cuando alguien saca material de trabajo del tipo que sea (documentos, archivos, etc.) dejando un registro de lo que se lleva, para que lo precisa y especificar el uso que le va a dar todo esto aplicable para todos los trabajadores sin excepción. Por supuesto se debe de evitar que se puedan copiar y modificar.

Muchas empresas aun están relajadas a este respecto y muchos de sus trabajadores se les llevan material que pueden usar por ahí para muchas cosas que les pueden perjudicar. No obstante, las empresas pueden hacer firmar un documento donde el trabajador se comprometa a tratar todos los datos de la empresa como confidenciales, tal y como establece la ley de protección de datos y así, mantener la información controlada.

Aun así, cuando los trabajadores abandonan una empresa, van a llevarse información consigo. Es trabajo realizado por ellos, que creen poder llevarse, pues es algo desarrollado por ellos. Sobretodo, hay ciertos conocimientos que se llevan en la mente. Las personas no pueden resetearse y borrar cierta información (a no ser en películas de ciencia ficción). Pero otra cosa es llevarse material físico (escrito y soporte del tipo que sea) que es propiedad de la empresa, independientemente de que hayáis ayudado a realizarlo, porque os pagaban por ello. Y siempre hay que tener confidencialidad y honestidad, primero con uno mismo y luego con los demás.

Es por esto que habrá que vigilar la información y materiales que posee la compañía, evitando que otros los usen para otros fines. No pasa nada por controlar; nadie debería tener ningún problema porque esto se hace por la seguridad de todos los trabajadores y quien ponga reticencias quizá sea porque tiene algo que ocultar.

Así debéis de hacérselo ver a vuestros miembros para que lo comprendan. Eso sí, el control es para todo el mundo y a veces, donde más hay que hacerlo, en las personas de mayor escalafón que abusan de la confianza que se tiene en ellos, no se lleva a cabo y termina por filtrarse información. Esto no tiene nada que ver con la confianza sino con la seguridad y ésta hay que aplicarla a todos.

Igualmente, debéis aprender a conocer bien a las personas de vuestro entorno laboral, observándolas y queriendo conocerlas sin dejaros llevar por las primeras impresiones que os puedan dar porque suelen fallar en más de una ocasión. Debéis basaros en los hechos que os demuestren y no en lo que os digan.

Muchas veces, a las empresas les pasan cosas por confiar en las personas erróneas, no queriendo ver lo que muchas personas ya alertaban. También es curioso el hecho de que al ocurrir estos acontecimientos, todo el mundo las veía venir pero, siempre me pregunto ¿Por qué no dijeron nada para evitarlas?

Así que habrá que ver la realidad tal y como es, por muy dura que sea a veces y aprender de lo vivido porque sino, volverá a acaecer lo mismo si seguís actuando sobre la marcha, sin previsión. De nada sirve cortar los problemas de raíz sin tomar medidas que hagan que lo acontecido no vuelva a poder pasar en vuestras empresas. Además, deberéis hacer ver a todos vuestros trabajadores que ese tipo de comportamiento no se tolera y que vean que la gente que lo ha hecho no se fue de rositas.

Las cosas pasan por que algo fallaba y hay que ponerle fin de una vez por todas cuando se tiene ocasión ¿a que esperáis a hacerlo?

lunes, 23 de febrero de 2009

COGER EL TORO POR LOS CUERNOS

Como ya he comentado en más de una ocasión hay jefes de todo tipo. Quizá caigamos en el tópico de criticar siempre al jefe. Pero no todos los profesionales que ocupan puestos de responsabilidad son nefastos. También hay grandes jefes que saben hacer las cosas correctamente y gestionar magníficamente a sus equipos de personas siendo uno más de ellos.

Esta reflexión me surge a raíz de leer un post en el blog de José Luís del Campo Villares en el que nos deja un estudio de la consultora Michael Page sobre liderazgo. Me quedo con una afirmación del mismo “Casi un 20% de los empleados cambia de trabajo por problemas con su jefe” sobre la que voy a centrar este post hoy.

Para empezar, cuando surgen controversias, es muy fácil responsabilizar de toda la culpa a la otra parte. Cuando surgen problemas cada parte tiene su porción de razón. Por supuesto, para poder sacar conclusiones objetivas hay que escuchar ambas versiones y reflexionar sobre ellas. Muchas veces los encargados de resolver conflictos en las organizaciones, normalmente personas de la cúpula directiva sólo escuchan a la parte que les interesa, emitiendo ya un juicio categórico, sin dar la posibilidad de explicarlo a la otra parte involucrada en la controversia. ¿Podría deberse a que éstos tienen miedo de lo que puedan escuchar de la otra parte?

Por supuesto, esto es erróneo y demuestra que no se actuó de forma profesional a la hora de decantarse por un parte y a partir de ahí intentar buscar una solución que beneficie a todos.

Muchos trabajadores afirman que han cambiado o quieren cambiar de trabajo por problemas con sus jefes y yo les lanzo dos preguntas ¿Qué tipo de problemas son? ¿Han intentado solucionarlos directamente con ellos?

Lo digo porque muchas veces los trabajadores argumentan tener conflictos con sus jefes en general pero, a la hora de la verdad, no concretan y sólo saben decir Mi jefe es un “X”.

También es curioso, que estos trabajadores no hagan más que lamentarse y despotricar de sus responsables; no les aporta nada. Eso sí, muy pocos intentan solucionarlo directamente con ellos. Yo siempre aconsejo que si hay un problema hay que afrontarlo y plantearlo directamente con educación con la persona que se tiene. Esto no garantiza que se encuentre una solución, sin embargo, al menos lo habréis intentado.

También me gustaría comentar que muchos subordinados o colaboradores se buscan ellos directamente los problemas por no asumir o asimilar el papel que ocupan dentro del grupo de trabajo que integran. ¿Cuántos trabajadores hacen tareas o gestiones de las que no informan a sus responsables a pesar de saber que lo tienen que hacer por orden expresa de este para poder estar al tanto de cómo avanzan todos los temas? Porque, al fin y al cabo, por mucho que delegue tareas un jefe, la responsabilidad siempre va a recaer sobre él.

No tenéis que olvidar que debéis adaptaros a la forma de gestionar de vuestros jefes, independientemente de que vosotros harías las cosas de otra manera. Se pueden aportar todas las ideas que queráis, eso sí, para intentar ayudarle. Suele ocurrir que la dinámica de hacer las cosas de una manera, te quita la atención de otras formas de trabajo. Toda mejora redundará en el bien del equipo, que sacará mas o mejor el trabajo.

No debéis ocultar información a vuestros responsables; puede ocasionar que determinadas tareas o proyectos se vayan al traste porque han primado vuestros intereses individuales sobre los grupales y empresariales de vuestra compañía.

También este tipo de subordinados actúan así porque no asumen que ellos no hayan sido los elegidos para ocupar un puesto de responsable. Puede ser que la decisión sea injusta o no, sin embargo, esta no es la forma de demostrar a vuestra compañía que se equivocan sino de ratificarles que acertaron al descartaros.

Debéis seguir desempeñando vuestro trabajo con profesionalidad y dando argumentos que hagan ver cada día más vuestra valía. Si vuestro responsable no sabe verlo y además es un mal gestor, tarde o temprano, caerá porque este tipo de cosas influyen en los resultados de equipo. Pensad que esto es como en los equipos de fútbol, cuando 11 jugadores no funcionan destituyen al entrenador y no a los jugadores, porque la forma de llevarlos no es la adecuada para sacar los resultados esperados del equipo.

Tenéis que saber estar en vuestro lugar y asumir vuestro rol. En caso de que tengáis problemas y hayáis intentado solucionarlos sin conseguir resultados porque la otra parte y vuestra compañía se niegan a buscar una solución, ya sabéis como están las cosas y sólo hay dos soluciones, continuar aguantando o buscar nuevas alternativas profesionales.

Y también hay jefes que son insoportables, impertinentes, y-todo-lo-que-se-os-ocurra... y muchos trabajadores huyen de ellos, por que no los soportan. Suele darse la “coincidencia” de que esas empresas tengan una alta rotación.

Eso sí, los trabajadores, antes de responsabilizar de toda la culpa a vuestros jefes, tenéis que poneros en su lugar y analizar lo siguiente ¿tenéis vosotros algo de culpa? Lógicamente esta respuesta hay que responderla de forma honesta y no viendo sólo las partes que os interesen.

Igualmente, recordad que los jefes exigen e intentan sacar el máximo de vosotros porque a ellos les presionan y achuchan sus jefes. La diferencia está en que hay muchas formas de hacer esto. Marcarán la nota los que sean ellos mismos y sepan hacerlo de una forma que beneficie a todos, sin usar el despotismo propio de otras épocas.

viernes, 12 de septiembre de 2008

EL CUELGA MEDALLAS

Siempre hay que trabajar duro para sacar tareas y asuntos profesionales adelante. En más de una ocasión se precisa la colaboración de algún otro compañero para culminar con éxito algún asunto y no hay nada de malo con ello. También, en otras ocasiones, seréis vosotros los que tengáis que prestar vuestra ayuda a ese compañero o a algún otro.

Esto hay que verlo con normalidad y reconocer la ayuda a los compañeros que os ayuden en alguna gestión, reconociéndoselo públicamente para que vean vuestra gratitud y agradecimiento. Hasta aquí todo normal.

Sin embargo, hay un tipo de personas que existen en todas las organizaciones que dejan mucho que desear y que yo les llamo “los cuelga-medallas”.

Son personas egoístas y egocéntricas que siempre tienen que ser el centro de atención allí por donde pasan. Suelen ser muy diplomáticos y tienen mucha labia hasta que se les ve el plumero. No van a dudar en prestaros su ayuda en las gestiones de algún asunto por muy pequeñas que sean. Una vez culminado con éxito ese asunto no van a dudar en atribuirse todo el merito para llevarse el reconocimiento de todos, sobretodo, del director. Esta actitud os deja en un segundo plano tras haber llevado todo el peso en la gestión.

No en vano, se dice que lo más importante no es hacer sino hacer que se hace y preocuparse de que ciertas personas se enteren.

No sería la primera vez que determinado departamento comenzáis la gestión de un asunto dando todas las alternativas para conseguir una solución y cerrarlo, sin embargo, por diversas circunstancias ajenas a vosotros se paraliza el asunto, cayendo en el olvido. Pasan los días y semanas hasta que una persona ajena a vuestra área os pide toda la información sobre ese asunto que sólo queda rematarlo cuando los de arriba quieran. Como se suele decir “las cosas de palacio, van despacio”. Os indica que necesita ojearlo para informarse u os da cualquier excusa que nos haga levantar sospechas.

Pasan unos pocos días sin que tengáis noticias. Hasta que de repente os encontráis en el Outlook de vuestro trabajo un correo a todos los miembros de vuestra compañía por parte de las altas esferas agradeciendo públicamente a esa persona su trabajo para culminar con éxito ese asunto que estaba sin resolver. Por supuesto, vosotros no aparecéis por ningún lado quedando vuestra labor en el más absoluto de los anonimatos, pasando desapercibida para los altos mandos.

Y no es que todo lo que hagamos tenga necesariamente que darnos una palmadita en la espalda el jefe. Pero sí que fastidia que uno en particular, el de siempre, sea el que se beneficie del trabajo de los demás, sin haberle prestado esfuerzo alguno.

A estas personas, finalmente se les ve venir. Por eso, si no habéis pedido ayuda nada de pasar toda la información de determinado asunto gestionado por vosotros a otro compañero que se muestra receptivo a ayudaros, a no ser que también estéis involucrados vosotros.

Obviamente, no soy partidario de creer al 100% el dicho de “piensa mal y acertarás”. Aunque si que debo deciros que hay que ser cauteloso y deberemos controlar todo aquello que tengamos entre manos y cuando algo que teníamos aparcado lo cedamos a alguien, habrá que dejar claro que parte del trabajo también es vuestro.

Si en alguna ocasión os encontráis antes este tipo de situaciones con gente de esta calaña moral no podéis quedaros de brazos cruzados viendo como se llevan el mérito que os correspondía a vosotros por haber abusado de vuestra buena fe. No os debe frenar la posición que pueda ocupar esa persona en vuestra organización.

Si habéis llevado toda la gestión de ese asunto tenéis pruebas que pueden demostrar que vosotros fuisteis los iniciadores, impulsores y artífices que propiciaron el final que tuvo ese asunto. Y que esa persona que se ha llevado el merito omitió indicar que él sólo realizo una pequeña colaboración o simplemente se le olvidó mencionarlo.

Muchas veces, las organizaciones cometen el error de recompensar al que culmina el asunto sin pararse a analizar quienes son las personas que han desarrollado ese proyecto. A veces las apariencias engañan; solamente hay que saber y querer ver mas allá de lo que puede parecer evidente.

Cada uno de vosotros debéis llegar a donde os corresponda por vuestros propios méritos sin aprovechar lo realizado por otra persona para llegar a determinada posición. Este tipo de atajos que algunos toman tarde o temprano se pagan caros; todo al final se descubre. Además, por una vez en vuestra vida pensad ¿Cómo os sentaría a vosotros que os hiciesen eso?

Una vez descubiertas estas personas, tolerancia cero ante este tipo de actuaciones por su parte. Si permitís en vuestras organizaciones este tipo de triquiñuelas, conspiraciones y fraudes por parte de alguno de vuestros trabajadores, seréis vosotros más culpables que ellos por permitirlo.

Así vais a tener a verdaderos tiburones en vuestras filas que no dudarán en haceros lo mismo si tienen oportunidad; a estas personas no se les interpone nada ni nadie sino se les para los pies.